A menudo se muestran los transgénicos como una herramienta clave para acabar con el hambre en el mundo, acusando a quienes nos mostramos críticos con las aplicaciones agrícolas de la ingeniería genética de estar retrasando la llegada de esta salvación a los países más desfavorecidos (este ataque suele tener como protagonista al arroz dorado, pero también a otros cultivos).

En estos momentos, el futuro del glifosato está debatiéndose tanto en la UE - donde los Eurodiputados de Los Verdes están colaborando con científicos asociados a la IARC para reanalizar los estudios "secretos" a los que por fin han conseguido acceder - como en EEUU, donde el

Traducimos este artículo de The Progressive en el que algunos periodistas denuncian el ciberacoso tras publicar información nociva para la agroindustria, y se describe la red de financiación de la agroindustria a eventos supuestamente "independientes" a los que se invitaba a científicos y periodistas con generosas contribuciones.

El cultivo transgénico más extendido con diferencia en todo el mundo ha sido la soja tolerante a glifosato. Estas plantas pueden ser rociadas con glifosato una vez crecidas y sobrevivir, de manera que se puede aplicar el herbicida y acabar con todas las malas hierbas sin matar al cultivo.

La Comisión Europea ha autorizado la importación de dos nuevos tipos de maíz transgénico y dos nuevos tipos de algodón transgénico, además de renovar la autorización para importar el maíz MON810.