¿Agroecología como destino, o como transición?

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Global Justice Now

Interesantes reflexiones sobre el papel de la agroecología, surgidas como comentario de Timothy A. Wise dentro de una serie de publicaciones organizadas por la Great Transition Initiative. El escrito de Wise respondía a un magnífico texto de Frances Moore Lappé,  "Farming for a Small Planet: Agroecology Now." Para ver el texto original, respuestas adicionales de Jahi Chappell, Jennifer Clapp, Fred Magdoff y otros podéis entrar aquí. El título original de Wise para este texto fue: "Agroecología: no es el destino, es el viaje".

Título: 
Comentarios sobre Farming for a Small Planet: Agroecology Now 
Origen: 
Great Transition Initiative
Autor/a: 
Timothy Wise
Fecha: 
Miércoles, 27 Abril, 2016

Gracias a GTI por tratar este tema, y por hacerlo con la brillante colaboración de Frances Moore Lappé. Una vez más, Frances demuestra tener un don para recopilar la investigación más robusta, procedente de un gran número de fuentes, de una forma a la vez inspiradora y accesible. También es capaz de transmitir, con una maravillosa cantidad de matices, que la agroecología no es, en primera instancia, ni una actitud ni una práctica agrícola en el sentido estricto. En realidad es más bien un proceso, uno en el que la misma agroecología debería verse más como un viaje que como un destino.

Es algo a lo que llevo dando vueltas desde que asistí a una conferencia en México el año pasado, organizada por ANEC, una asociación nacional de agricultores cerealistas de pequeña y mediana escala. Me dio la impresión de que la organización había elegido el tema de una forma muy acertada, refiriéndose a su propio "Proyecto Integrado sobre el Conocimiento Científico y Tradicional" e invitando a un "diálogo de sistemas de conocimiento", una forma menos elegante de parafrasear la expresión "diálogo de saberes". El objetivo propuesto era llevar los últimos avances científicos en agroecología al campo, para trabajar con los agricultores y crear prácticas más sostenibles ecológica y - lo que es igualmente importante - económicamente.

Lo más impactante de la conferencia era la diversidad entre los asistentes. Por una parte teníamos profesionales establecidos de la agroecología que provenían de todas partes de América, especialmente de Cuba, quizá el lugar en el que más avanzadas están estas prácticas. Muchos de estos experimentados agroecólogos moderaron debates sobre la agricultura diversificada, la gestión integrada de plagas, la composición del suelo, la protección y utilización de semillas nativas de maíz y los males de la agricultura industrial controlada por las multinacionales.

Al otro lado de la sala (literalmente) estaban, en una de las charlas, unos 100 miembros de ANEC, agricultores de distintas partes del pais, que a menudo en los debates más amplios habían permanecido en silencio. ¿Por qué? Estos eran fundamentalmente agricultores comerciales, bien integrados en los mercados nacionales de maíz, trigo, frijol y otros alimentos básicos. Muchos de ellos utilizan variedades híbridas en monocultivos alimentados con insumos químicos, prácticamente la única forma de mantener un monocultivo. Estos agricultores no tenían pinta de estar planteándose volver a la semilla nativa de maíz interplantada con frijol y calabaza - la famosa milpa mexicana.

El que ANEC apoye la agroecología supone un desafío que expone a la organización a riesgos significativos. Sus agricultores dependen de las ventas para subsistir, y no pueden permitirse las disminuciones iniciales de la producción a menudo asociadas con la transición a prácticas ecológicas. Para empezar porque tienen créditos que hay que devolver. Pero sus explotaciones están muy lejos del ideal agroecológico. Al igual que muchos agricultores a pequeña escala de los países en desarrollo, ya no defienden las prácticas agroecológicas tradicionales. Están metidos en la espiral de la tecnología, y saben que no les lleva adonde quieren ir, pero también que no pueden bajarse sin más.

En la sala de conferencias el debate pasó de ser sobre la agroecología como ideal a ser sobre la agroecología como transición, y eso hizo que se abrieran. Sus propias experiencias ilustraban la genialidad de ANEC al tratar el tema desde este punto de vista, centrándose no tanto en el ideal ecológico como en el objetivo de reducir tanto los costes de producción como la dependencia de los insumos de las multinacionales. Para estos agricultores esto es lo que significa la "soberanía alimentaria": un control mayor sobre su producción y sus modos de vida.

Un agricultor dijo que con ayuda de los agentes de extensión agraria de ANEC, profesionales con formación científica, había reducido los costes de sus insumos en dos tercios y, a pesar de haber tenido un ligero descenso en la producción en un primer momento, había terminado obteniendo una rentabilidad mucho mayor. Producciones algo más bajas pero costes mucho más bajos. ¿Qué prácticas estaba implementando? Algunas que se asocian rápidamente con la agroecología, como utilizar compost en vez de feritlizantes de síntesis, o inoculaciones de microorganismos para mejorar la fertilidad del suelo; y otras que no tanto, como el autoabastecimiento con semilla híbrida de maíz, que su cooperativa podía producir a un tercio del precio de las variedades vendidas por las multinacionales. Había reducido las aplicaciones de fertilizantes de dos a una por temporada, y también había reducido el uso de pesticidas. La calidad del suelo estaba mejorando poco a poco, y esperaba poder reducir más el uso de productos químicos. ¿Esperaba llegar a reducirlos a cero? No. ¿Le importaba? No mucho.

Este era el aspecto de la transición hacia la agroecología en una pequeña explotación comercial, y me impresionó lo diferente que era del ideal agroecológico. Para millones de agricultores de todo el mundo, entre ellos muchos de los que cultivan la mayoría de los alimentos de los mercados locales, esta es la clase de transición que hace falta.

La caracterización de Lappé de los desafíos a los que nos encontramos en agricultura dejan mucho espacio para este tipo de prácticas, y las valoran tanto como a la esencial defensa de las semillas nativas o las prácticas ecológicas. Creo que muchos de nosotros hemos sabido siempre que su trabajo tenía algo de zen: no es el destino, es el viaje.

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