¿El lado bueno de Monsanto? Sorpresas de Tom Philpott al visitar sus instalaciones

Imagen:
Oscar Palop

Tom Philpott es un autor que escribe habitualmente para Mother Jones. Sus artículos defienden una agricultura ecológica y campesina, y suelen atacar el uso de pesticidas y, por supuesto, de transgénicos. No es el tipo de persona a la que uno se imagina visitando las instalaciones de I+D de Monsanto en St. Louis, pero su experiencia nos revela algunos elementos sorprendentes:

  • Los propios ejecutivos e investigadores de Monsanto no se muestran muy optimistas respecto a las posibilidades futuras de los cultivos transgénicos, y parecen haber renunciado a muchas de las "grandes promesas" que se han estado realizando durante estos veinte años.
  • La empresa tiene grandes esperanzas puestas en métodos como la Selección Asistida por Marcadores, una serie de metodologías de mejora vegetal que no implican modificación genética, y que son apoyadas por los grupos ambientalistas de todo el mundo (aunque siguen sin ser perfectas, por problemas relacionados con el uso de patentes). Estas metodologías son capaces de dar lugar a rasgos complejos, mucho más adecuados para obtener plantas adaptadas a distintos tipos de suelo, clima...
  • Algunas de sus áreas han comenzado (aunque de una forma un tanto sui generis, como se ve en el artículo) a cambiar el foco de productos biocidas a productos que fomenten el crecimiento de poblaciones microbianas beneficiosas que puedan desplazar a los patógenos.
  • El tono de la visita fue cordial y la empresa se muestra, en principio, abierta al diálogo.
  • Aparentemente ninguna de las personas que le atendieron tenía cuernos, ni pretendió meterle en una caldera al rojo vivo y pincharle con un tridente.

¿Significa esto que Monsanto ya nos cae bien? Pues no. Aparte de que no tiene un historial fácilmente perdonable, algunos de los elementos que relata Philpott no resultan tan sorprendentes como los anteriores:

  • La empresa sigue defendiendo sus productos Bt y tolerantes a glifosato (lo cual resulta lógico dado que sus ingresos siguen dependiendo de comercializarlos en todo el mundo).
  • Comienzan a apuntar la que parece que va a ser la retórica de los próximos años, "CRISPR es sólo un tipo de mejora convencional, no da lugar a OMG, y es mucho más precisa que la transgénesis" (después de tantos y tantos años diciendo que la transgénesis es una técnica tremendamente precisa, cuando no lo es).
  • Están convencidos de las bondades que tendrá aplicar sprays de ARN de interferencia en campo abierto, aun con las consecuencias no intencionadas que esto podría tener (y que, en su línea, probablemente negarán hasta el final).
  • Buena parte de sus esfuerzos aún van, como era de esperar, en la línea de la aplicación de biocidas, algunos de ellos con consecuencias ambientales como las que Philpott describe en el artículo.

¿Propaganda pura o un pequeño paso, por fin, en la dirección correcta? A continuación está la traducción del relato de Philpott. Que cada cual juzgue por sí mismo.

Título: 
Entrando a la empresa más polémica del mundo
Origen: 
Mother Jones
Autor/a: 
Fecha: 
Miércoles, 20 Abril, 2016

Normalmente mis artículos sobre la industria agroquímica los escribo de lejos - desmenuzando evaluaciones de pesticidas de la Organización Mundial de la Salud, o analizando megafusiones. Sin embargo una de estas tardes me vi de repente en el mismísimo epicentro de la industria: la sede global de I+D de Monsanto, a las afueras de St. Louis.

Fui con el antropólogo de la Universidad de Washington Glenn Stone - su clase sobre "maravillosos nuevos cultivos" (NdelT: en el original, "Brave new crops", en referencia a la novela "Brave new world", en castellano "Un mundo feliz") había sido la razón de mi viaje. Nos pasamos cinco horas recorriendo el laberinto de pasillos de las instalaciones de Monsanto, hablando con investigadores, científicos y ejecutivos de las cinco "plataformas de innovación" de la empresa: biotecnología, mejora vegetal, microorganismos del suelo, pesticidas y análisis de datos. Nuestro largo paseo por el edificio empezó y terminó con una serie de entrevistas en la sala de reuniones con el responsable de tecnología de la empresa, Robb Fraley, uno de los primeros innovadores en cultivos modificados genéticamente y defensor incansable de la controvertida empresa.

En su libro de 2001 sobre el ascenso de Monsanto como titán del agronegocio, Lords of the Harvest, Dan Charles retrata a Fraley como un personaje implacable. "Es muy listo, pero absolutamente despiadado," declaraba ante Charles un antiguo ejecutivo de Monsanto. A mí Fraley me pareció formidable: un hombre fornido con una enorme calva y una mirada fija y escéptica. También me pareció una persona amigable, e incluso a veces un tanto jovial - hicimos bromas sobre nuestras respectivas calvas, y dijo arrepentirse de no haber llevado una boina como la que llevaba yo, "para encajar".

Monsanto ha tenido siempre reputación de empresa herméticamente cerrada al público, pero en los últimos años se han esforzado por aumentar su transparencia. Pude grabar toda la visita, y tanto Fraley como otros trabajadores de Monsanto podían hablar con libertad. Estas son algunas de las cosas que aprendí.

A la empresa ya no parecen entusiasmarle tanto los transgénicos "tradicionales". Fraley nos acompañó al área de biotecnología del centro de investigación, nuestra primera parada. Sorprendentemente, no nos soltaron una arenga sobre los maravillosos transgénicos que, según solía decir la empresa, estaban a la vuelta de la esquina: maíz adaptado a la sequía, o que crece con cantidades mínimas de fertilizante nitrogenado. En vez de eso, escuchamos una enérgica defensa de un rasgo que Monsanto lleva vendiendo desde que los transgénicos llegaron al campo por primera vez a mediados de los noventa: el gen insecticida de la bacteria del suelo Bacillus thuringiensis, también conocida como Bt.

Un investigador de India describía su infancia en una granja de una hectárea aplicando insecticidas con una mochila - una actividad peligrosa que había quedado obsoleta, según él, con el auge del algodón Bt de Monsanto en el país. A continuación el mismo investigador comenzó a hablarnos de los beneficios de otro cultivo - un tipo de soja que están lanzando en Brasil. Está diseñada para contener tanto el insecticida Bt como el otro rasgo transgénico que Monsanto lleva vendiendo desde los años noventa: resistencia al glifosato, el herbicida estrella de la empresa. En otras palabras, durante nuestra parada en el área de biotecnología no nos hablaron de nada completamente nuevo, sino más bien de los mismos dos rasgos que Monsanto lleva vendiendo dos décadas: tolerancia a herbicidas y Bt.

Más tarde, cuando volvimos a la sala de reuniones, Fraley nos dio una evaluación sorprendentemente sobria de los transgénicos, para un ejecutivo que ha pasado toda su carrera promoviéndolos y defendiéndolos. Declaró que la mejora vegetal clásica, acelerada por herramientas genómicas, es el "pilar", "el motor de base" y el "núcleo" del negocio de Monsanto, y enfatizó que así sería siempre, añadiendo que abarca la mitad del presupuesto de I+D de la empresa.

"Cuando la gente piensa en nosotros, piensan siempre en Monsanto como la empresa de los transgénicos," declaró Fraley. "Yo ayudé a inventarla [las técnicas utilizadas en ingeniería genética], y en ese área hemos sido líderes," dijo. "Pero la mayor contribución que hemos hecho, de lejos, al aumento de la producción en todo el mundo ha sido la aplicación de la biotecnología al motor de mejora [clásica] en sí."

La transgénesis es una tecnología cara - "nos cuesta unos 150 millones de dólares desarrollar un transgénico," dijo. "Sólo lo usamos para cosas que no podemos hacer de otra manera. La única forma de introducir un gen Bt en una planta de maíz o soja es utilizar transgénesis y obtener un OMG," añadió.

Si no es así, Monsanto prefiere utilizar mejora clásica o tratamientos de la semilla - pesticidas que la planta absorbe al crecer. Le pregunté si los transgénicos podían, como sus defensores suelen decir, alcanzar imaginarios como el del maíz que imita a las leguminosas y utiliza el nitrógeno del aire como fertilizante. "No es probable," respondió Fraley. Él y su equipo han concluido que obtener un maíz que fije nitrógeno mediante transgénesis requeriría unos 30 rasgos independientes, y que por tanto sería tremendamente caro.

Pero esto no significa que Monsanto esté abandonando la tecnología punta. Mientras restaban importancia al rol de la transgénesis, Fraley y otros empleados de Monsanto apoyaban otros métodos genéticos de alteración de los cultivos: silenciamiento génico, o ARN de interferencia (que he tratado en mayor profundidad aquí), así como técnicas de edición génica como la famosa CRISPR-Cas9, con la que se arma tanto jaleo últimamente. Fraley denominó a estas tecnologías como "transformadoras", y se esforzó en clasificarlas como variaciones de los procesos de mejora, y no tecnologías de modificación genética. (Glenn Stone, de la Universidad de Washington, que me acompañaba en la visita, ha escrito más sobre este esfuerzo retórico aquí.)

Las herramientas de edición génica como CRISPR son una versión "superdirigida" de la mejora vegetal clásica. Te permiten "obtener mejoras más rápido y mejor, y puedes hacer algunas de las cosas que puedes hacer [con la transgénesis], aunque no puedes introducir un rasgo nuevo," dijo.

Respecto a la aplicación de tecnologías de silenciamiento génico mediante ARNi, Monsanto tiene varias preparadas, añadió Fraley. Hay un tipo de maíz en las últimas etapas del proceso del Departamento de Agricultura de EEUU y de la Agencia de Protección Ambiental que contiene ARNi dirigido a matar algunos insectos plaga específico, sin tocar nada de lo demás, dijo (aunque esta creencia no es compartida de forma universal). También habló de un spray de ARNi en el que están trabajando, que permitirá silenciar los genes que permiten a las malas hierbas tolerar el herbicida glifosato - dando vida de nuevo al producto clave de Monsanto que ahora está perdiendo efectividad al evolucionar las malas hierbas y volverse resistentes a él.

¡Los suplementos a la microbiota del suelo son lo último! (Y al parecer combinan bien con los pesticidas.) Mi episodio favorito en nuestro viaje fue la parada en la reciente unidad de microbiología del suelo de Monsanto, que desarrolla suplementos para mejorar la salud del suelo y producir cultivos más robustos.

"En tu cuerpo hay más células microbianas que células propias", explicó un investigador. "En las plantas ocurre lo mismo - te garantizo que hay más células [de microorganismos del suelo] que de planta." Es por esto que Monsanto está trabajando diligentemente para identificar y comercializar los microorganismos "más beneficiosos" - los que pueden ayudar a hacer que los nutrientes estén más disponibles para los cultivos, o desplazar a los patógenos del suelo. Y de la misma forma que la gente puede comer yogures o tomar suplementos "probióticos" para añadir microorganismos beneficiosos a su flora intestinal, los agricultores pueden comprar tratamientos microbianos para la semilla y sprays que fortalecen el suelo, dijo.

Ahora bien, no me convence del todo la idea de que las Grandes Farmacéuticas vayan a conseguir una especie de mezcla probiótica mágica que transforme la salud humana; tampoco creo que las Grandes Agroquímicas vayan a encontrar de repente la combinación perfecta de especies microbianas para conseguir cultivos vigorosos que crezcan sin grandes cantidades de fertilizantes y pesticidas. Las comunidades de microorganismos que existen en el intestino de los animales y en el suelo llevan eones evolucionando. Sospecho que son las dietas diversas y las rotaciones de cultivos - y no las pociones obtenidas en el laboratorio - las que suponen la clave para generar biomas sanos, tanto en nuestro cuerpo como en la tierra.

Aun así, me alegró ver que Monsanto estaba pensando en términos de añadir vida al suelo, y no saturarlo con químicos diseñados para exterminar la vida. Así que lo siguiente que vi me dejó con la boca abierta. Los investigadores me señalaron un cristal detrás del cual había un maíz de aspecto muy vigoroso, y plantas de soja cultivadas con productos microbianos que ya están en el mercado, con placas con nombres como Control, Tag Team, Optimize y Biological.

Sin embargo, me di cuenta de que los seis productos tenían escrito, debajo del nombre, las palabras "Acceleron® Fungicida e Insecticida". Me aclaré la garganta y pregunté por qué se estaban comercializando productos "biológicos" con etiquetas de biocidas. El investigador me respondió con mucha calma. "Lo que hemos hecho es coger productos biológicos y añadírselos a los fungicidas e insecticidas que la mayoría de agricultores [de maíz y soja] utilizan a día de hoy," dijo.

En algún momento, añadió, esperan que los agricultores empiecen a reemplazar realmente los químicos con microbios. (Por si no lo hacen, Monsanto parece no estar poniendo todos los huevos en la misma cesta - en una parada previa durante mi tour ya había conocido a la gente de la división de químicos, que me informó de que la empresa está desarrollando nuevos fungicidas.)

Por último, vi el producto llamado Acceleron. Parece que está siendo comercializado por Asgrow, uno de los socios semilleros de Monsanto. Es una mezcla de pyraclostrobin, un fungicida potencialmente preocupante sobre el que escribí la semana pasada, e imidacloprid, un miembro de la familia de insecticidas denominados neonicotinoides, que e sospecha está dañando a las abejas, aves y organismos acuáticos.

Respecto a la mezcla de microorganismos que la empresa mezcla con estos potentes productos químicos, está formado por Bacillus amyloliquefaciens, una bacteria común en el suelo, y Trichoderma virens, que es, efectivamente, un hongo. Así que probablemente lo más relevante que aprendí en mi visita es que Monsanto va a comercializar un hongo y un fungicida en el mismo producto. (Supongo que ese fungicida en particular no mate a Trichoderma virens.)

En conjunto fue una visita productiva y provocadora. Además de lo que he contado aquí, también aprendí sobre impresionantes técnicas no basadas en CRISPR que se utilizan para acelerar los métodos clásicos de mejora vegetal, y tuve una conversación fascinante con Fraley y otros ejecutivos sobre los servicios de análisis de datos que Monsanto vende a los agricultores - un tema que pretendo explorar en futuros artículos.

He apreciado enormemente que la accesibilidad y transparencia que me han dado. En nuestras conversaciones, Fraley mencionó repetidamente lo importante que es que exista un diálogo abierto entre Monsanto y sus críticos, y estoy de acuerdo. Espero que podamos seguir con él.

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