¿Habría firmado Richard Feynman la Carta de los Nóbel sobre el arroz dorado?

Imagen:
Departamento de Energía de EEUU

Richard Feynman es un referente para muchas personas cercanas a la ciencia, no sólo por su trabajo como físico (por el que ganó un premio Nobel en 1965), sino por sus reflexiones a un nivel más amplio sobre la ciencia y la tecnología.

Belinda Martineau es una bioquímica estadounidense con una curiosa historia: tras participar en el desarrollo del primer alimento transgénico comercializado (el tomate Flavr Savr de Calgene) y ser una firme defensora de los cultivos y alimentos transgénicos, cambió más tarde su postura. Su blog Biotech Salon contiene muchas de sus interesantes reflexiones sobre la ingeniería genética y otros aspectos relacionados con la ciencia y la tecnología.

En este artículo, Belinda explica por qué cree que Feynman, si siguiera con vida, no habría apoyado la carta que se publicó hace unas semanas en la que 107 premios Nóbel pedían a Greenpeace que abandonara su oposición a los cultivos transgénicos, en especial al Arroz Dorado.

Título: 
¿Habría firmado el Premio Nobel Richard Feynman esa carta sobre los transgénicos?
Origen: 
Biotech Salon
Fecha: 
Martes, 9 Agosto, 2016

Por lo que he leído de él, estoy bastante segura de que Richard Feynman no habría firmado la reciente carta en la que un alto porcentaje de nuestros Nóbeles vivos exigían a Greenpeace que dejase de oponerse a los organismos modificados genéticamente (OMG).

Feynman recibió el Premio Nóbel de Física en 1965 por su investigación básica en electrodinámica cuántica. También sabía y reflexionó mucho sobre la tecnología - es decir, la aplicación de la ciencia básica - debido a su trabajo en el Proyecto Manhattan durante la Segunda Guerra Mundial. (Fue el tipo que se hizo famoso tras tirar un Shuttle o-ring en un vaso de agua helada para demostrar un fallo fatal tras la tragedia del Challenger.)

En su libro Qué significa todo eso: Reflexiones de un científico-ciudadano, Feynman describía el rol que creía debían desempeñar los científicos cuando la ciencia sale del laboratorio y se aplica en el mundo real, lo que en el caso de los alimentos transgénicos sería nuestro plato. Feynman decía que los científicos deberían explicar al público los fundamentos científicos detrás de la tecnología, y al hacerlo no debían "decir sólo la verdad, sino... aclarar toda la información requerida para que otra persona inteligente pueda tomar una decisión" respecto a esa tecnología. Tenía muy claro que los científicos deberían ser brutalmente honestos a la hora de cumplir con su deber para con el público, es decir, no sólo deberían decir la verdad, sino toda la verdad y nada más que la verdad a la hora de explicar la ciencia.

También decía que la tecnología "no trae consigo instrucciones de uso...[y que cómo controlar esa tecnología] no es algo tan científico ni algo sobre lo que el científico sepa tanto."

Por tanto, basándome en estas reflexiones del Científico-Ciudadano Feynman, no creo que hubiera firmado esa "Carta de los Nóbel" a favor de los transgénicos, por al menos dos razones.

1) La carta no supone un intento de explicar los fundamentos científicos de la ingeniería genética al público, sino que es más bien una colección de afirmaciones generalistas que no transmiten toda la verdad sobre (entre otras cosas) los posibles riesgos de la tecnología, quién se encarga en la actualidad de declararla "segura" y los resultados de los ensayos de alimentación con animales. (Para ver estos temas en mayor profundidad conviene leer la declaración "No existe consenso científico sobre la seguridad de los transgénicos," firmada por otro grupo de científicos.)

2) La carta entra más bien en el campo del control/regulación de la tecnología, un campo que Feynman describía como "no tan científico" y "algo sobre lo que un científico no sabe tanto."

Está claro que aunque ninguno de los Nóbeles que han firmado la carta sea (al menos que yo sepa) experto en ingeniería genética agrícola, tienen derecho a tener una opinión como ciudadanos respecto a cómo podría y debería aplicarse una tecnología tan potente a nuestro sistema alimentario global.

Sin embargo, me pregunto si saben que durante todas estas décadas en las que hemos estado discutiendo cómo controlar/regular esta tecnología, la mayoría de los científicos expertos en ingeniería genética agrícola no han contado al público toda la verdad sobre ella. La consecuente escasez de honestidad brutal respecto a los aspectos científicos subyacentes a la tecnología de la ingeniería genética ha confundido, en mi opinión, a personas inteligentes a la hora de tomar una decisión respecto a los transgénicos.

Tomemos el título, "Premios Nóbel que apoyan la agricultura de precisión (OMG)", como primera prueba. Los organizadores de la carta equiparan obviamente a los transgénicos con la "Agricultura de precisión", en línea con el hecho de que la mayoría de los defensores de los cultivos transgénicos en estos 25 años han presumido de la "precisión" de la ingeniería genética agrícola.

Pero decir toda la verdad incluye el hecho de revelar que existen también muchos aspectos imprecisos relacionados con esta tecnología: simplemente la mayoría de defensores de los transgénicos no los llegan a mencionar, al menos en público.

Por ejemplo, con los dos métodos que se han utilizado para insertar genes foráneos en los cultivos transgénicos que llevamos comiendo en EEUU desde mediados de los 90, los biotecnólogos no tienen control sobre el lugar del genoma de la planta en el que se insertarán estos genes foráneos, y resulta que esos genes pueden aterrizar dentro de genes que producen proteínas provocando una mutación por inserción, en tasas del 27 al 63%. Estas tasas son lo suficientemente altas como para que el método de ingeniería genética mediado por Agrobacterium fuera utilizado en su día con bastante éxito en un proyecto para mutar (e identificar) todos los genes codificantes del genoma de Arabidopsis thaliana.

La variación somaclonal, la inserción accidental de ADN "extra" del vector o los cambios imprevistos en el tipo y número de sRNA endógenos expresados en plantas transgénicas son otros ejemplos de la "imprecisión" inherente a la tecnología de la ingeniería genética agrícola tal y como se ha venido practicando en estos 25 años.

Las consecuencias adversas de algunas de estas imprecisiones, como la presencia de secuencias insertadas de ADN del vector o mutaciones en genes que codifican proteínas (al menos en los cultivos cuyo genoma se ha secuenciado) pueden ser identificadas en las plantas transgénicas, y los investigadores tienen la opción de eliminar estas plantas antes de su comercialización. Pero, dado que simplemente no sabemos lo suficiente sobre la genómica vegetal, su fisiología, bioquímica, etc, no se puede hacer esto en todos los casos. De hecho, es debido a la imprecisión inherente a la ingeniería genética agrícola y las consecuencias imprevistas e inesperadas que pueden ocurrir a consecuencia de esta que los alimentos transgénicos deben ser ensayados en ratas... para así detectar posibles consecuencias negativas que no pueden anticiparse.

Adicionalmente, y al contrario de lo que afirma la Carta de los Nóbeles cuando dice que "No ha habido jamás un sólo caso confirmado de una consecuencia negativa para la salud de humanos y animales debida al consumo" de un alimento transgénico, sí que hay de hecho unos cuantos artículos científicos revisados por pares que han descrito efectos negativos para la salud en animales alimentados con algunos productos transgénicos. (Ver, por ejemplo, los artículos en The Lancet y Archives of Environmental Contamination and Toxicology. Otro dato de interés es que en EEUU se realizó un seguimiento de siete años después del caso del maíz StarLink™, que planteaba problemas relacionados con la alergenicidad en humanos. Este seguimiento duró hasta que los niveles de la proteína producida por el gen insertado se consideraron por debajo de los niveles problemáticos/ de detección.

Sin embargo, en lugar de continuar estos estudios para confirmar o refutar sus resultados - tal y como dicta el método científico como a mí me lo enseñaron (y, creo yo, tal y como deberían requerir las agencias gubernamentales responsables de "regular" estos productos) - los biotecnólogos vegetales y otros con conflictos de interés similares en relación con los cultivos transgénicos han pedido que se retracten estos estudios y vilipendiado a sus autores. En un caso particularmente famoso de un estudio "negativo" relacionado con la variedad de maíz NK603 de Monsanto, un artículo revisado por pares que llevaba publicado más de un año en una revista internacionalmente respetada fue retractado simplemente por no ser "concluyente." (El NK603 es un buen ejemplo de la imprecisión de la ingeniería genética a nivel molecular, como se describe en un post anterior de este blog.)

Se podría concluir que estos investigadores, relacionados con la biotecnología agrícola, que piden que se retracten los artículos en lugar de que se realicen experimentos que confirmen o nieguen los resultados "negativos" publicados inicialmente están intentando evitar que otros sean brutalmente honestos a la hora de explicar al público los aspectos científicos tras la ingeniería genética.

Sencillamente, no creo que a Richard Feynman le hubiera gustado eso.

La tecnología es una cosa muy diferente a la ciencia básica. La tecnología, como la describía Feynman, "no trae consigo instrucciones de uso, ni de si usarla para bien o para mal." Y esto, junto con las imprecisiones inherentes a la tecnología de la ingeniería genética agrícola, es por lo que los cultivos transgénicos deben regularse caso por caso.

La Organización Mundial de la Salud coincide en esto: "Distintos organismos transgénicos incluyen distintos genes insertados de formas diferentes. Esto significa que cada alimento transgénico individual y su seguridad deberían evaluarse caso por caso, y que no es posible realizar afirmaciones generales respecto a la seguridad de todos los alimentos transgénicos." (Ver mi artículo a este respecto, y las referencias allí citadas.)

¿El Arroz Dorado? Sus desarrolladores ni siquiera han solicitado a las agencias reguladoras que comiencen los ensayos de seguridad. Y el obstáculo no ha sido Greenpeace, sino el hecho de que las variedades transgénicas de arroz desarrolladas hasta ahora tienen una producción que se considera demasiado baja para que los agricultores la acepten.

Así que lo que les hace falta son variedades de arroz dorado que produzcan más, y datos científicos brutalmente honestos que evalúen su seguridad, y que puedan enviarse a las agencias reguladoras de Filipinas, Pakistán, etc, no afirmaciones generalistas u opiniones de importantes representantes de la ciencia básica sobre lo que es aún un producto hipotético de la tecnología de la ingeniería genética...

Tampoco datos escogidos de información pro-transgénicos...

Y desde luego, no se necesitan afirmaciones tan cargadas emocionalmente como la sugerencia de "crímenes contra la humanidad" que se utilizó para cerrar la Carta de los Nóbel.

¡No me quiero ni imaginar lo que habría dicho Richard Feynman de eso!

Compártelo: