¿Realmente afectaría a la economía y el medio ambiente prohibir los cultivos transgénicos?

Imagen:
United Soybean Board

Hace unos días (noticia traducida más abajo) una universidad estadounidense publicaba el estudio de dos economistas agrícolas que concluían que la prohibición en EEUU de los cultivos transgénicos supondría una disminución de la producción, lo que supondría poner en cultivo nuevas parcelas de terreno y por tanto dañaría al medio ambiente. Para ello se basaban en datos procedentes de una encuesta realizada por la USDA (Departamento de Agricultura Estadounidense).

Sin embargo, como señala Emily Cassidy, la propia USDA advertía en su documento del peligro de extraer conclusiones a partir de sus datos, dado que al proceder de una encuesta y no de un estudio experimental no controla otras variables que podrían ser diferentes entre las explotaciones que utilizan transgénicos y las que no. Estas variables, además, podrían diferir fundamentalmente entre un grupo de agricultores y otros, ya que los agricultores que pueden invertir más dinero en semillas también podrían hacerlo en fertilizante o en otras prácticas agrícolas intensivas en capital.

Este sesgo afecta de forma fundamental al estudio de la universidad de Purdue, invalidando sus conclusiones.

El estudio no tiene en cuenta, además, que utilizar menos terreno para producir más cantidad no tendría por qué suponer un menor impacto ambiental: al igual que la huella ecológica de una persona no se limita al espacio físico que ocupa, sino que una persona puede utilizar materiales procedentes de todo el mundo y que tienen impactos diversos en lugares diferentes, el impacto ecológico de un cultivo no sólo afecta al terreno en el que se encuentra, sino a muchos otros terrenos de los que se obtienen sus insumos (por ejemplo el gas natural utilizado para producir los fertilizantes de síntesis, el acero utilizado para producir la maquinaria con la que se trabaja, el plástico utilizado para las tuberías de goteo). Es decir, que no podría deducirse directamente que porque un cultivo sea más productivo que otro su impacto ecológico es menor.

A continuación reproducimos la noticia en la que se introduce el artículo original, y la réplica publicada en EWG.

Título: 
Eliminar los transgénicos dañaría la economía y el medio ambiente
Origen: 
UPI
Autor/a: 
Fecha: 
Martes, 1 Marzo, 2016

Investigadores de la Universidad de Purdue simularon una prohibición de los cultivos transgénicos en EEUU, y los resultados no fueron positivos. Concluyeron que se produciría una bajada de la producción, lo que tendría consecuencias económicas y ambientales negativas.

En su estudio, los economistas agrícolas Wally Tyner, Farzad Taheripour y Harry Mahaffey utilizaron el modelo GTAP-BIO desarrollado en Purdue - un modelo diseñado para estudiar cómo los cambios en política agrícola, energética, comercial y medioambiental afectarán a la economía.

Sus conclusiones, publicadas en la revista AgEcon, sugieren que una prohibición de los cultivos transgénicos supondría una disminución significativa de la producción. Como consecuencia, los agricultores tendrían que utilizar más terreno para satisfacer la demanda de productos.

Este tipo de ineficiencias supondrían un perjuicio para el medio ambiente, según los investigadores. Poner más terreno en producción - a partir de pradera y bosque - supondría un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

"Algunos de los grupos que se oponen a los transgénicos quieren reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, para disminuir el posible calentamiento global," explicaba Tyner en el comunicado de prensa. "Nuestros resultados indican que no se puede tener todo. Si se quieren reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en agricultura, los rasgos transgénicos son una herramienta importante."

La gran mayoría de la producción de soja, maíz y algodón en Estados Unidos se basa en rasgos transgénicos. Si la prohibición de estos cultivos disminuyera la producción de maíz y soja, según estos investigadores, los agricultores podrían perder millones - pérdidas que serían traspasadas a los consumidores mediante el aumento de los precios de los alimentos.

Los investigadores están estudiando ahora cómo afecta la política en cuanto a OMG a otras economías del planeta.

"Si en el futuro prohibimos los transgénicos a nivel global, perderemos una gran cantidad de producción potencial," señaló Taheripour. "Si más países adoptan los transgénicos, sus producciones serán mucho mayores."

Título: 
El estudio de Purdue sobre transgénicos: datos sesgados, conclusiones incorrectas
Origen: 
EWG
Autor/a: 
Emily Cassidy
Fecha: 
Miércoles, 2 Marzo, 2016

Un nuevo estudio de la Universidad de Purdue afirma que si todos los agricultores estadounidenses pasaran a cultivar variedades no transgénicas el precio de los alimentos subiría, la producción disminuiría y se necesitaría más terreno para cultivar nuestros alimentos.

Sin embargo, estas afirmaciones se basan en datos muy sesgados - algo de lo que ya advertían los autores del documento gubernamental en el que se basa el estudio. Por tanto, las conclusiones del artículo son incorrectas.

El estudio compara explotaciones que han adoptado cultivos transgénicos con las que no. Sin embargo, esta comparación tiene un serio problema: los agricultores que pueden permitirse comprar semilla transgénica también pueden gastar más en fertilizantes, regadío y otras prácticas agrícolas. El cultivo de transgénicos es más caro que el cultivo convencional, porque una bolsa de semilla transgénica puede costar hasta 150 dólares más.

Lo que hace realmente este estudio es comparar la producción del tipo de explotaciones que cultivan transgénicos con el tipo de explotaciones que no. Sería posible que los transgénicos no tuvieran nada que ver con el aumento de la producción.

El problema - comparar explotaciones diferentes y asumir que la mayor producción se debe a la semilla transgénica - está en lo que los investigadores llaman auto-selección. Hay muchas cosas que pueden diferenciar a una explotación que cultiva transgénicos de una que no lo hace. Los aumentos en la producción podrían deberse a otros recursos disponibles para el agricultor, no sólo a la semilla transgénica.

Los investigadores de Purdue utilizaron los datos de producción de un estudio de febrero de 2014 del Departamento de Agricultura Estadounidense. Sin embargo, este artículo utilizaba información procedente de las respuestas de agricultores a las encuestas de la USDA, no de medidas y análisis objetivos. Sus autores sugieren prudencia a la hora de obtener conclusiones definitivas de los datos de la encuesta:

Mientras que las comparaciones a grandes rasgos resultan ilustrativas, sólo pueden obtenerse conclusiones definitivas sobre la producción relativa si los datos se generan en condiciones experimentales en los que se controlen otros factores distintos a la adopción [de semilla transgénica], igualando estas variables en todo lo posible. En el caso de los datos procedentes de encuestas, esto no se da. Quienes adoptan [la semilla transgénica] y quienes no podrían ser sistemáticamente diferentes (por ejemplo, en términos de capacidad de gestión). Si estas diferencias afectan tanto al rendimiento de la explotación como a la adopción [de semilla transgénica], el análisis se verá distorsionado. Esta autoselección, de no corregirse, sesga los resultados estadísticos.

Estudios previos han hallado producciones similares entre cultivos transgénicos y sus equivalentes no transgénicos. Y un estudio financiado por la Fundación Gates para la mejora de la producción de maíz en zonas de África afectadas por la sequía concluía que la mejora convencional mejoraba la producción en mayor medida que la modificación genética - y a precios menores.

A pesar de lo que afirmaban sus defensores, los transgénicos no han sido la solución a los problemas de seguridad alimentaria, lo que no resulta sorprendente si tenemos en cuenta que las semillas transgénicas que se utilizan en EEUU no se diseñaron para aumentar la producción o alimentar a los hambrientos. Se inventaron para soportar las pulverizaciones con glifosato, el ingrediente principal del Roundup de Monsanto, que ha sido clasificado recientemente como probablemente carcinogénico para los humanos.

Los defensores de la Ley DARK (Deny Americans the Right to Know), que está siendo debatida actualmente en el congreso, nos intentan convencer de que si se etiquetan los productos transgénicos nuestra cesta de la compra será más cara. Estas afirmaciones falsas han sido desmentidas una y otra vez. Es hora de que el Congreso escuche a los consumidores y devuelva a los estadounidenses el derecho a saber qué es lo que comemos.

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