EEUU: cómo la industria biotecnológica cultiva su buena presencia en los medios - y se libra de las críticas

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Silke Remmery

Traducimos este artículo de The Progressive en el que algunos periodistas denuncian el ciberacoso tras publicar información nociva para la agroindustria, y se describe la red de financiación de la agroindustria a eventos supuestamente "independientes" a los que se invitaba a científicos y periodistas con generosas contribuciones.

Título: 
Publicidad protransgénicos: cómo la industria biotecnológica cultiva su buena presencia en los medios - y se libra de las críticas
Origen: 
The Progressive
Autor/a: 
Fecha: 
Martes, 11 Julio, 2017

En abril de 2016 Monica Eng, de WBEZ, una cadena de radio de Chicago, publicaba una crítica en la que revelaba que el gigante agroquímico Monsanto había pagado en secreto a un profesor de la Universidad de Illinois para que viajase, escribiese y hablase en favor de los cultivos modificados genéticamente, e incluso para que presionase a funcionarios federales para que pusiesen freno a su regulación. Mediante este agotador proyecto de investigación, que le llevó más de un año, Eng pudo revelar varios documentos que demostraban que Monsanto había pagado al profesor de la Universidad de Illinois Bruce Chassy, y que éste había aconsejado a Monsanto que le transfiriese el dinero a través de una fundación de la Universidad cuyas cuentas no están disponibles al público.

"Sabía que el artículo iba a tener un gran impacto," dice Eng.

Lo que no se esperaba era lo enorme que iba a ser la respuesta: la universidad la acusaba de ser activista y no periodista, y fue acosada por trolls de Twitter que pusieron en marcha una campaña para desacreditarla personalmente.

"Llevo más de tres décadas trabajando como periodista en Chicago", dice Eng. "He destapado actividades cuestionables en grupos políticos, ONGs y empresas privadas, y creo que nunca he visto un grupo tan decidido a intentar atacar personalmente al periodista que cubre un determinado tema."

La experiencia de Eng es sólo un ejemplo de una estrategia inventada inicialmente por las tabacaleras para desacreditar a los críticos, ganarse a los periodistas y tapar la información que pudiera perjudicar a la reputación de la industria.

En los últimos meses varios medios de comunicación han descrito una preocupante tendencia del periodismo financiado por las grandes empresas. El British medical Journal expuso una campaña de Coca-Cola, de varios años de duración, que buscaba influir sobre los periodistas que informaban sobre el problema de la obesidad financiando en secreto conferencias de la Universidad de Colorado. El grupo de vigilancia Health News Review descubrió que dos profesores de periodismo de la Universidad de Kansas habían encuestado a más de 1.100 periodistas especializados en salud sobre su postura respecto a los opioides en una encuesta financiada, en parte, por el Center for Practical Bioethics, un grupo investiado por el Comité Financiero del Senado de EEUU por sus vínculos con los fabricantes de opioides.

La industria biotecnológica se centra especialmente en domar la controversia en torno a los cultivos transgénicos y los productos que se utilizan en conjunción con estos, entre ellos el herbicida de Monsanto conocido como glifosato. El herbicida más utilizado del mundo, el glifosato, resulta crítico para el cultivo de maíz y soja transgénicos. Un estudio reciente recoge que la utilización de este producto en agricultura se ha multiplicado por quince desde el año 1996. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud ha clasificado el glifosato como "probablemente carcinogénico para los seres humanos."

El pasado mes de enero un juez rechazaba las objeciones de Monsanto, y el estado de California requerirá que se incluya un aviso sobre cáncer en la etiqueta del popular herbicida basado en glifosato Roundup. El Inspector General de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense acaba de anunciar que está investigando si un antiguo funcionario de alto rango de la EPA estaba colaborando con Monsanto. Además de poner denuncias y contratar a lobbistas, la industrai química está utilizando a científicos afines y páginas web pro-transgénicos para desacreditar a los periodistas que cubren temas relacionados con el glifosato y los transgénicos.

El periodista de investigación Danny Hakim, del New York Times ha sido también víctima del ciberacoso en los últimos meses debido a sus artículos críticos con la industria agroquímica. Si buscas el nombre de Hakim en Google los primeros resultados no hablan de los diecisiete años que ha pasado trabajando en el Times, durante los cuales ha ganado un Premio Pulitzer. En vez de eso encontrarás artículos criticándolo en sitios como el American Council on Science and Health (“Glyphosate: NYT’s Danny Hakim Is Lying to You”) o la web Genetic Literacy Project (“Why Danny Hakim’s New York Times GMO exposé misleads”).

"La campaña de relaciones públicas de la industria para cambiar el marco del debate sobre transgénicos e intimidar a los periodistas mediante el insulto y el acoso ha tenido bastante éxito, yo creo" señala el profesor de periodismo y escritor sobre temas de alimentación Michael Pollan. "Creo que se debe en parte a la ingenuidad política y en cuanto a relaciones públicas de muchos de mis compañeros que escriben sobre ciencia."

Una táctica que utilizan los aliados de la industria para desacreditar las preguntas sobre OMG es reducir el debate a cuestiones de seguridad alimentaria. Los científicos y autores protransgénicos se burlan de los expertos y críticos, presentándolos como locos que creen que comerse una bolsa de nachos de maíz es equivalente a beberse una botella de arsénico. Pero estos ataques resultan engañosos, ya que las preocupaciones referentes a los OMG pueden tener relación con varios temas diferentes, por ejemplo cómo de bien se evalúa su seguridad, su impacto sobre la agricultura y los ecosistemas, o la toxicidad del glifosato.

Existe además un debate legítimo sobre si es adecuado que la industria diseñe cultivos que requieren la utilización intensiva de pesticidas. La industria y sus aliados tratan de desacreditar este tipo de preguntas al comparar a los críticos con los transgénicos con los negacionistas del cambio climático o los antivacunas.

Los procesos judiciales actualmente en marcha contra Monsanto, referentes al glifosato y su relación con el cáncer, han permitido acceder a algunos documentos que otorgan pistas sobre las tácticas mediáticas de la industria biotecnológica. Varios documentos refieren a documentos internos de Monsanto que describen la estrategia en redes sociales de la empresa denominada "No Dejar Pasar Nada" ("Let Nothing Go") - un programa en el que individuos que parecen no tener conexión con la industria responden rápidamente a los mensajes negativos en redes sociales relacionados con Monsanto, los transgénicos o los agroquímicos.

En una ocasión los abogados declararon ante el juez que los documentos muestran cómo Monsanto dirige dinero a Genetic Literacy Project y el American Council on Science and Health para "avergonzar a los científicos y poner de relieve información beneficiosa para Monsanto y otros fabricantes de productos químicos."

La industria también ha financiado silenciosamente una serie de conferencias para formar a científicos y periodistas sobre cómo enmarcar el debate sobre transgénicos y la toxicidad del glifosato. Las que más éxito de participación tuvieron fueron la de 2014 en la Universidad de Florida y la de 2015 en la Universidad de California-Davis. En sus emails los organizadores se referían a estas conferencias como campamentos de cultura biotecnológica, y se describe a los periodistas como "socios". Entre los organizadores está el director del departamento de Horticultura de la Universidad de Florida, Kevin Folta, Jon Entine, de Genetic Literacy Project, Bruce Chassy de la Universidad de Illinois y la consultora Cami Ryan.

Aunque decía ser "independiente" de la influencia de la industria, el periódico The New York Times descubrió que Folta había estado recibiendo dinero de Monsanto para publicitar los cultivos transgénicos. Después de que el artículo del Times expusiera su conexión con Monsanto, la universidad de Folta declaró su intención de donar estos pagos a la caridad.

Entine estaba afiliado con el ya extinto grupo STATS, que difundía mensajes positivos sobre productos químicos y aportaba apoyo en comunicación a las empresas tabacaleras. El año pasado Entine escribió un artículo en el que atacaba a profesores de la Facultad de Periodismo de Columbia por sus investigaciones de la relación de ExxonMobil con el negacionismo del cambio climático. Hace años, un artículo en The New Yorker describía la aparente relación entre Entine y el ataque coordinado de la industria a un profesor de la Universidad de California-Berkeley cuya investigación era crítica con los pesticidas.

Además de recibir dinero para ayudar a Monsanto, Chassy dirige Academics Review, una web que le sugirió un ejecutivo de Monsanto, que decía en su email "La clave es que Monsanto quede en segundo plano para no afectar a la credibilidad de la información."

Después de ayudar a planificar la primera conferencia, Cami Ryan empezó a trabajar para Monsanto.

"Resulta angustioso leer estos documentos," dice Naomi Oreskes, profesora de historia de la ciencia de la Universidad de Harvard, después de revisar los documentos y correos electrónicos relativos a las conferencias. Oreskes señala como especialmente problemática la participación del American Council on Science and Health, dado su largo historial de atacar los datos científicos sobre seguridad de productos químicos y pesticidas. Añade: "Pretende claramente convencer a la gente de que los cultivos transgénicos son beneficiosos, necesarios y que no plantean los suficientes riesgos como para justificar su etiquetado."

Tras las primeras conversaciones, en 2013, Entine escribía a Folta, Chassy y Ryan señalando que era necesario incluir en las conferencias a personas "situadas estratégicamente" en estados clave en los que estuvieran teniendo lugar batallas políticas relacionadas con los alimentos transgénicos. Entine añadía que una vez estuviera descrito el programa, "Yo me encargaré de proponer al grupo de periodistas y expertos en medios que estaría bien tener a bordo."

Cuando un periodista preguntó en 2015 quién estaba detrás de la conferencia en UC-Davis, Entine escribió que los eventos sobre cultura biotecnológica estaban financiados por la universidad, y recibían también apoyo del Departamento de Agricultura Estadounidense, el Departamento de Estado y Academics Review, financiado en parte por la industria. En su email dirigido a varios científicos Chassy también afirmaba que había universidades y agencias federales estadounidenses que financiaban las conferencias del campamento, y dijo que los honorarios para los ponentes serían de 2.500$. Chassy añadía "Los periodistas no son baratos."

Pero tanto la Universidad de Florida como UC-Davis niegan haber apoyado económicamente estas conferencias. Un portavoz del Departamento de Estado declaró que la agencia simplemente envió un ponente a la conferencia de 2014 en la Universidad de Florida. Tras solicitarlo varias veces durante semanas, un portavoz del Departamento de Agricultura estadounidense fue incapaz de encontrar evidencias del apoyo económico de la agencia a estas conferencias.

¿Así que de dónde salía el dinero? Es una ruta un tanto retorcida.

Un acuerdo firmado por Entine afirma que el campamento en UC-Davis esperaba que muchos de sus gastos fueran cubiertos por la Biotechnology Industry Organization (BIO). Al preguntarles, BIO confirmó haber entregado 175.000$ a Academics Review para la conferencia de 2014 en la Universidad de Florida, y 165.000$ para la conferencia de 2015 en UC-Davis. BIO añadió que el dinero se transfirió a través de una organización sin ánimo de lucro que manejan, llamada Council on Biotechnology Information (CBI). De hecho, las declaraciones de la renta de CBI señalan que entregó un total de 300.000$ a Academics Review, tanto en 2014 como en 2015. Y las declaraciones de la renta de Academics Review, que dirigen Chassy y su mujer, señalan que el grupo gastó más de 160.000$ en la conferencia de 2015 en UC-Davis.

Resumiendo, la única fuente de dinero trazable es la industria biotecnológica. Así que, ¿qué es lo que compró este dinero de la industria?

Un flyer del evento de 2015 en UC-Davis anuncia más de doce ponentes, entre ellos Jay Byrne antiguo director de relaciones públicas de Monsanto que ahora dirige una empresa de relaciones públicas que promueve los transgénicos. También aparece como ponente Nina Fedoroff, profesora en Penn State, que trabaja también como asesora científica y crítica de medios residente de un bufete de abogados que representa a la industria biotecnológica.

Entre los asistentes a la conferencia en UC-Davis registrados como "periodistas" estaban Hank Campbel, de la web Science 2.0., que publica regularmente propaganda pro-transgénicos. Campbell es ahora presidente del American Council on Science and Health, que ataca a los periodistas que exponen los vínculos de algunos científicos con la industria y los peligros potenciales de los pesticidas.

Tras revisar los documentos de las conferencias, Marion Nestle, profesora de nutrición, alimentación y salud pública en la Universidad de Nueva York, afirmaba "Cuando a un periodista le ofrecen pagarle por asistir a una conferencia debería sospechar desde el principio." Añadía que los organizadores de la conferencia probablemente pretendían convencer a los periodistas de que cualquiera que cuestionase la seguridad de los transgénicos "es anticientífico y está en la misma categoría que los negacionistas del cambio climático."

Gary Schwitzer, que publica HealthNewsReview y es profesor adjunto asociado de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Minnesota, también se muestra preocupado.

"Hay demasiados periodistas que están cayendo por la pendiente resbaladiza de asistir a conferencias patrocinadas por entidades con intereses económicos," dice. "Esto convierte al periodismo en un método más de 'pagar para jugar'."

Al preguntarle por la financiación de los campamentos y el apoyo económico de la industria a su organización, Entine responde, "Lo siento, nunca he oído hablar de ti. No respondo a activistas sin reputación periodística previa."

Folta dice que cree que las conferencias fueron financiadas por BIO y que él organizaba sus eventos fuera de sus horas laborables. "Toda mi financiación, como siempre, es pública en concordancia con las políticas de la universidad," añade.

En una declaración a The Progressive, Monsanto escribe que la empreas colabora con múltiples organizaciones y aporta apoyo económico de forma transparente a muchas organizaciones relacionadas con el sector, como CBI, de la cual el American Council on Science and Health es socio colaborador. Monsanto añade que no financia a Genetic Literacy Project, pero no ha respondido a las repetidas solicitudes sobre su apoyo económico al American Council on Science and Health.

Chassy no ha respondido a las preguntas sobre la financiación a Academics Review y las conferencias sobre biotecnología. Pero sí envió, junto con Entine y Folta, una carta a The Progressive en la que acusaba al autor de "tácticas de sesgo y acoso" no especificadas, y "múltiples insinuaciones y afirmaciones falsas y potencialmente difamatorias."

Gary Ruskin es el codirector de U.S. Right to Know, una ONG que trabaja para la transparencia en el sector alimentario y está financiada en parte por la Organic Consumers Association. Su grupo fue el primero en recibir la información sobre las conferencias financiadas por la industria "Muchos periodistas sencillamente están intimidados y asustados de hablar de los efectos para la salud y el medio ambiente de la industria agroquímica y sus productos," dice.

La industria tacha a periodistas y defensores de la salud pública de anti-ciencia por hablar de temas que es necesario que el público entienda. Eso es algo que debería preocuparnos a todos. 

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