EEUU: Mejorar los suelos a través del seguro agrario

Imagen:
Taki Lau

El suelo es uno de los recursos más importantes para la agricultura, y nuestro sistema alimentario actual está destruyéndolo a un ritmo alarmante. Generalizar el uso de buenas prácticas de conservación y regeneración resulta esencial para conseguir los suelos resilientes que necesitaremos cada vez más conforme avance el cambio climático.

En la UE no existe una legislación común de protección del suelo. Cuatrocientas organizaciones, entre ellas Ecologistas en Acción, se han unido a la campaña People4Soil, que solicita a la UE que desarrolle una normativa específica para su conservación. Para esto se ha organizado una recogida de firmas, así que si no has firmado aún, ¡hazlo ahora!

Este artículo trata sobre un enfoque diferente que se está proponiendo en EEUU. Allí, las subvenciones a los agricultores y ganaderos (lo que aquí sería la PAC) están muy vinculadas a los seguros agrarios. Lo que algunos investigadores están proponiendo es que en los criterios de estos seguros se incluyan datos sobre la calidad y conservación del suelo: esto ofrecería un incentivo a los agricultores para tomar decisiones a largo plazo, no buscando únicamente "la mayor producción" sino "la mayor producción que pueda sostenerse año tras año".

Para ver más detalles sobre esta propuesta os traemos este artículo de Elizabeth Grossman en CivilEats.

Título: 
¿Quieres suelos más sanos? Vincúlalos al seguro agrario
Origen: 
Civil Eats
Fecha: 
Martes, 2 Mayo, 2017

La mayoría de los agricultores saben que la salud de su suelo es importante, pero no suele suponer una prioridad respecto a, digamos, maximizar lo que se produce al año. Algunos científicos están buscando formas de hacer que más agricultores - especialmente los que producen materias primas para la exportación en la zona centro de EEUU - empiecen a tomarse el suelo más en serio.

El programa de seguros agrarios más grande del mundo, el U.S. Federal Crop Insurance Program (FCIP) ofrece su cobertura para permitir que los agricultores se recuperen de "adversidades climáticas graves y años de mala producción." Sin embargo, recientemente una pareja de científicos de la Universidad de Cornell ha estudiado qué podría pasar si los seguros agrarios se vincularan también a la calidad del suelo - es decir, si las empresas aseguradoras comenzasen a considerar los datos del suelo a la hora de fijar sus precios.

En un artículo reciente, el procesor asociado de economía y finanzas agrícolas de la Universidad de Cornell Joshua Woodard y la asistente de investigación post-doctoral Leslie Verteramo Chiu defienden que vincular el Programa de Seguros Agrarios a la salud del suelo de la explotación podría convertirse en una poderosa herramienta para promover prácticas agrícolas más sostenibles y resilientes. Al incluir datos del suelo entre los criterios para asegurar un cultivo, explican, se "abriría la puerta a la mejora de los resultados de conservación" y se ayudaría a los agricultores a gestionar mejor los riesgos para la seguridad alimentaria y derivados del cambio climático.

O, como explica Paul Wolfe, analista de políticas séniorde la National Sustainable Agriculture Coalition (NSAC), "Los seguros agrarios podrían ser una muy buena forma de incentivar la conservación, pero ahora no lo son."

El programa actual no reconoce las prácticas de conservación

¿Qué es el FCIP y por qué sus criterios son tan influyentes? El programa comenzó en los años 30, para ayudar a los agricultores a recuperarse de las pérdidas devastadoras de la Dust Bowl y la Gran Depresión. A día de hoy cubre todo, desde pérdidas de producción debidas a la sequía a caídas en los ingresos.

Cerca de 900.000 agricultores participan en el programa, que en la actualidad cubre cerca del 90 por ciento de las superficies agrícolas "asegurables" de EEUU - más de 120 millones de hectáreas en 2015 - con pólizas que suman cerca de 100.000 millones de dólares anuales. Cubre más de 100 cultivos diferentes. El programa es una asociación público-privada gestionada por la Federal Crop Insurance Corporation, administrada por la Agencia de Gestión de Riesgos del Departamento de Agricultura Estadounidense (USDA) desde 1996. La USDA fija el precio de las pólizas y determina qué empresas privadas de seguros pueden venderlas; los precios premium están subvencionados por el gobierno federal en cerca de 62 centavos por cada dólar. Es el mayor programa de subvenciones directas de la agricultura comercial estadounidense, y en la actualidad supone un coste de cerca de 10.000 millones de dólares anuales a los contribuyentes.

La propia USDA ha llegado a decir que "Mejorar la salud del suelo de nuestra nación es uno de los retos de conservación más importantes de nuestro tiempo." Un suelo saludable es también la clave para que los agricultores puedan enfrentarse a las condiciones climáticas extremas - entre ellas sequías o inundaciones - asociadas al cambio climático.

Pero en este momento el FCIP basa los "premiums" en lo que produce la explotación de un año a otro, sin considerar las condiciones - por ejemplo la calidad del suelo - que influyen en esa producción. "Los seguros agrarios en realidad no van más allá de lo que haces en un determinado año," dice Wolfe, de la NSAC. "Basa sus objetivos en una mirada muy cortoplacista, basada en el máximo que puede producir un agricultor en un año," añade. "En algunos casos desincentiva las prácticas de conservación, al fijarse tan sólo en plazos tan cortos."

Esto implica que un agricultor que siembra un cultivo de cobertura para recuperar la capacidad de su suelo podría tener que pagar finalmente más en premiums si esta práctica redujese su producción anual. De la misma forma, un agricultor que pone a producir tierras marginales para aumentar la producción, aun aumentando la erosión o la escorrentía, no pagaría de ninguna forma estos impactos.

Como describe Woodard, incluir el tipo de suelo e información sobre su calidad en los criterios de los seguros agrarios sería "un primer paso hacia la creación de un sistema de seguros agrarios" que pudieran mejorar la sostenibilidad agrícola y "mejorar los resultados de conservación." Pero sin esta información el programa no contiene ningún incentivo que haga que los agricultores adopten prácticas que mejoren, por ejemplo, la retención de agua en el suelo, o que aumenten su contenido en materia orgánica - lo que podría aumentar su productividad a largo plazo.

Si se integrasen los datos del suelo en los seguros agrarios podría reducirse también la escorrentía agrícola que está provocando daños debido a la proliferación de algas en los Grandes Lagos, la Bahía de Chesapeake o el Golfo de México, dice Wolf. Y lo haría "usando la zanahoria, no el palo."

"Como agricultor, siempre me ha molestado que el precio que mis vecinos - que no se esfuerzan por realizar labores de conservación - pagan es el mismo que el de alguien que sí que realiza estas prácticas," dice Bruce Knight, director de Strategic Conservation Solutions y ex-director de los Servicios de Conservación de Recursos Naturales de la USDA, quien cría terneros y cultiva maíz y soja - y en algunos años trigo, girasol y alfalfa - en Dakota del Sur.

"Ahora subvencionamos por igual explotaciones muy arriesgadas y poco arriesgadas", explica Knight. "Incorporar información sobre el suelo en los seguros agrarios revolucionará por completo cómo funciona, y revolucionará también el papel de los contribuyentes", añade.

Los críticos del programa actual, como el Environmental Working Group explican que los criterios de los seguros agrarios en realidad incentivan - y subvencionan - prácticas agrícolas inadecuadas, que podrían conducir a un nuevo Dust Bowl en las regiones más afectadas por el calor y la sequía.

El desafío de transformar el paisaje agrario

Por supuesto, cambiar el paisaje agrario no es tan fácil como esperan algunos. "Todo agricultor sabe que... mejorar la salud del suelo reduce el riesgo," explica el miembro del Meridian Institute Todd Barker. "Pero para cambiar el programa de seguros agrarios tienes que probar sin ninguna duda y con una gran cantidad de datos que existe una correlación entre A y B. Las empresas de aseguradoras necesitan ese tipo de niveles de detalle."

A través de su programa AGree la ONG Meridian ha estado trabajando con investigadores como Woodard, agricultores, grupos conservacionistas y antiguos líderes de la USDA para encontrar formas de incorporar datos del suelo en el FCIP.

Vincular los subsidios premium del seguro agrario a la salud y otros datos del suelo sería el equivalente a conseguir un descuento en el seguro del coche para conductores sin accidentes, explica Wolfe. Recompensaría las mejores prácticas. Pero no va a ser fácil que la USDA ponga en práctica algo así. Después de todo, el FCIP lleva siendo así más de 80 años y vincular los seguros agrarios a los datos del suelo supondría cambios en la Ley Agraria - y requeriría que la USDA compartiese datos sobre producción que ahora no están disponibles.

"Hay gente que no quiere que cambie nada," dice Wolfe. "Pero mucha gente, si se le dan los incentivos adecuados, actuaría para reducir la escorrentía, reducir la pérdida de suelo y mejorar la calidad del agua."

Es difícil saber si algo de esto llegará a aprobarse a corto plazo. Se espera que los cambios en el FCIP se consideren al debatirse la Ley Agraria de 2018. Pero hasta ahora los comités agrícolas parecen interesados principalmente en reducir los subsidios premium para los agricultores con mayores ingresos y los pagos del seguro basados en los altos precios de los productos al inflarse estos tras un desastre.

El recién nombrado Secretario de Agricultura Sonny Perdue ha manifestado su apoyo al programa de seguros agrarios. Sin embargo sigue sin conocerse su postura respecto a la protección del suelo y la necesidad de aumentar la resiliencia frente al cambio climático, especialmente dado su historial de negación de los datos científicos referentes al cambio climático y sus inversiones en empresas que venden agroquímicos, entre ellos fertilizantes. Aun así, el artículo de Woodard sienta las bases para demostrar que si la USDA se muestra dispuesta a actuar, los datos de calidad del suelo podrían jugar un papel clave a la hora de transformar los seguros agrarios para mejor.

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