Glifosato en la cerveza alemana: ¿Qué significa?

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Alan Levine

En los análisis se detectó glifosato en las 14 cervezas más vendidas en Alemania. ¿Cómo se puede comparar esto con los niveles de glifosato que han provocado toxicidad en experimentos de laboratorio?

Los niveles hallados, aunque están muy por encima de lo permitido en el agua potable en la UE, siguen estando por debajo de los niveles que se consideran tóxicos. Sin embargo, sus efectos como alterador hormonal no pueden evaluarse adecuadamente, al no exigirse datos suficientes a la hora de aprobar los pesticidas. De confirmarse los efectos del glifosato como alterador hormonal, cualquier cantidad, por pequeña que fuera, podría causar daños en el sistema endocrino.

Nota: esto no significa que la cerveza contenga transgénicos. El glifosato se utiliza en algunos cultivos como desecante antes de la cosecha, además de utilizarse como herbicida en cultivos transgénicos y convencionales. Este es el origen más probable del glifosato detectado.

Aunque algunas empresas cerveceras utilicen maíz, y este podría ser transgénico, este es un ingrediente minoritario que sólo incluyen algunas cervezas. En la UE, si este maíz fuera transgénico en más de un 0,9% esa información debería aparecer en la etiqueta.

Título: 
Glifosato en la cerveza alemana: ¿Qué significa?
Origen: 
GMWatch
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Fecha: 
Lunes, 29 Febrero, 2016

La semana pasada, el Instituto Ambiental de Munich (Umweltinstitut München) de Alemania anunciaba los resultados de los análisis que había llevado a cabo, y que detectaron glifosato en todas las cervezas analizadas (un total de catorce).

Las dosis de glifosato halladas variaban entre 0,46 y 29,75 μg/L (microgramos por litro).

Se nos ha pedido que comentemos qué relación tiene esto con los datos documentados en Gasnier et al. 2009 (Glyphosate-based herbicides are toxic and endocrine disruptors in human cell lines, Toxicology 262: 184–191).

El estudio de Gasnier demostraba que pequeñas cantidades de herbicidas basados en glifosato tenían efectos citotóxicos (tóxicos para las células), y que actuaban como genotóxicos y alteradores hormonales en líneas celulares humanas.  

El Nivel de Mínimo Efecto Tóxico Observable (el nivel más bajo que se considera tóxico) en Gasnier et al. se daba a una concentración de 200 ppb de glifosato, analizado en forma de Roundup (500 ppb, 0.5 ppm). En la cerveza alemana se llegó a detectar glifosato a niveles un poco por debajo de 30 ppb (29,74 μg/L).

Hemos solicitado la opinión de algunos científicos.

Estos científicos avisaron, en primer lugar, de que estamos hablando de dos cosas diferentes: las concentraciones de glifosato en la cerveza y la cantidad de herbicidas basados en glifosato que provocaron efectos diferentes a diferentes niveles de tratamiento.

Añadieron que la cantidad detectada en la cerveza no es necesariamente la misma que va a estar presente en el consumidor, y por tanto susceptible de ejercer un efecto citotóxico o de alteración endocrina. Por tanto no pueden obtenerse conclusiones significativas al compararlas.

Según estos científicos, la forma más útil para comprender estos datos sobre la cerveza es:

1. Remitiéndonos al nivel de pesticidas (incluido glifosato) permitido en el agua potable en Europa: 0,1 μg/L. Las cervezas alemanas contenían niveles muy por encima de este. Sin embargo, también tenemos que tener en cuenta que el nivel permitido en el agua potable no se basa en los datos de toxicidad, sino en el principio de precaución. Por tanto, que haya contaminación por glifosato a niveles superiores a 0,1 μg/L no significa que haya un riesgo para la salud, desde el punto de vista regulatorio.

2. La cerveza puede ser una fuente importante de consumo de glifosato en Alemania y otros países en los que el consumo de cerveza es alto.

3. Otros países también deberían analizar su cerveza; es probable que en Reino Unido la situación no sea mucho mejor, dados los altos niveles de desecación pre-cosecha con glifosato.

Estos científicos señalaron también que los datos de Gasnier en 2009 no distinguen de forma clara entre efectos citotóxicos y de alteración endocrina, por lo que se debería actuar con precaución a la hora de afirmar que los niveles ensayados en el experimento provocan efectos sobre el sistema endocrino.

A esto nos gustaría añadir que estaríamos en una mejor posición para saber si existen riesgos para la salud relacionados con la ingesta de cerveza contaminada con glifosato si se analizara la capacidad como alterador hormonal de los pesticidas durante su proceso de aprobación. En la Unión Europea esto no se hace; en EEUU, los reguladores acaban de empezar a diseñar los experimentos necesarios, pero les faltan años para completarlos.

Mientras tanto la única forma de evitar el problema por completo parece ser beber cerveza ecológica. En los cultivos ecológicos no se permite la aplicación de glifosato.

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