La relación universidad-empresa en el mundo de la biotecnología

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Los recientes acontecimientos en EEUU, donde los miles de emails filtrados han puesto de relieve la estrecha relación entre un gran número de académicos, las empresas comercializadoras de OMG y las agencias de relaciones públicas que los representan, otorga de nuevo relevancia a este fragmento del Informe realizado en 2001 por un Comité de Expertos designado por el gobierno de Canadá para determinar las vías a seguir respecto a los alimentos transgénicos. Este informe, que llamaba fuertemente a la precaución, trataba, entre otros temas, la creciente dependencia de los académicos de los fondos privados procedentes de grandes empresas, y la erosión que esto podía suponer para la credibilidad científica.

Título: 
La comercialización de la investigación científica universitaria en biotecnología es cada vez mayor
Origen: 
Royal Society of Canada
Autor/a: 
Dr. Spencer C.H. Barrett,
Dr. Joyce L. Beare-Rogers,
Dr. Conrad G. Brunk,
Dr. Timothy A. Caulfield,
Dr. Brian E. Ellis,
Dr. Marc G. Fortin,
Dr. Antony J. Ham Pong,
Dr. Jeffrey A. Hutchings,
Dr.John J. Kennelly,
Dr. Jeremy N. McNeil,
Dr. Leonard Ritter,
Dra. Karin M. Wittenberg,
Dr. R. Campbell Wyndham,
Dr. Rickey Yoshio Yada,
Fecha: 
Lunes, 15 Enero, 2001

Existe una preocupación creciente en la población y la comunidad científica de que la fijación cada vez mayor del gobierno en promover la biotecnología perjudique a la distribución de fondos para investigación. Tal y como sugiere Varma, cada vez es mayor la percepción de que "La ciencia básica sólo es valorada si contribuye a la creación de productos o procesos para...la industria. Las agencias gubernamentales cada vez apoyan más la investigación destinada a ayudar a la industria" (Varma, 1999). En Canadá, un Comité de Expertos sobre la Comercialización de la Investigación Universitaria ha emitido recientemente fuertes recomendaciones al Consejo Asesor del Primer Ministro sobre Ciencia y Tecnología, sugiriendo que los gobiernos y universidades adopten políticas que favorezcan la comercialización de investigaciones universitarias con potencial para ser protegidas por propiedad intelectual (Expert Panel on Commercialization, 1999).

También existen numerosos conflictos específicos que han sido asociados al entorno de investigación. A pesar de que la ciencia académica ha estado siempre afiliada al sector privado, la aplicación de la ingeniería genética a la producción alimentaria está progresando precisamente en un momento en el que las universidades e investigadores universitarios están construyendo vínculos sin precedentes con la industria (Schultz, 1996; Angell, 2000; DeAngelis, 2000). Investigadores como David Blumenthal han señalado que estas alianzas comerciales podrían tener un profundo impacto sobre la elección de temas a investigar (Blumenthal, 1992). También contribuyen a crear una atmósfera de secretismo entre investigadores (Wadman, 1996; Blumenthal, 1997; Caulfield, 1998; Gold, 1999) y ponen en peligro la confianza del público en la ciencia. Tal y como señala Korn: "Hay buenas razones para creer que la imagen idealista del virtuoso académico y la voluntad del público para confiar en él se están tambaleando" (Korn, 2000).

Las presiones y oportunidades para el beneficio personal e institucional influyen profundamente en la voluntad de los investigadores para compartir abiertamente sus planes de investigación, sus resultados y otros recursos relevantes para la comunidad investigadora. Esta apertura ha sido tradicionalmente una de las fortalezas de la empresa científica. Es el mecanismo tradicional mediante el que los riesgos y fallos potenciales de ciertos diseños tecnológicos pasan a ser ampliamente conocidos por la comunidad científica y tecnológica. Esto se cumple no sólo en el caso de la biotecnología, sino también en otras disciplinas con posiles aplicaciones industriales. El secretismo cada vez mayor y la protección de la propiedad intelectual dentro de la comunidad investigadora no sirven al interés público a la hora de aportar investigación científica fiable en materias relacionadas con la seguridad.

Las relaciones entre la universidad y la industria están extremadamente extendidas.

El estudio de Blumenthal en 1997 hallaba que el 90% de las empresas encuestadas relacionadas con el campo de las ciencias de la vida tenían "relación con la academia". En un clima como este, podría ser cada vez más difícil encontrar investigadores académicos independientes con la motivación, o incluso la libertad, para evaluar las afirmaciones de la industria. Como argumenta el historiador de la ciencia Charles Weiner: "El doble papel interpretado por muchos biólogos importantes ha comenzado a dañar la credibilidad de los científicos cuando aportan sugerencias relativas a aspectos de interés público relacionados con su investigación" (Weiner, 1988, en 32-33).

No es probable que aquellos científicos que estudian los riesgos para la salud y el medio ambiente de nuevas tecnologías, y que desarrollan el conocimiento sobre el que debe reposar la regulación competente de estas vayan a ser candidatos estrella para conseguir becas de investigación de estas mismas empresas.

Además, los científicos ligados a la universidad e implicados en el avance del conocimiento en el área de la biotecnología se ven cada vez más seducidos por el considerable valor comercial de este conocimiento, y están cada vez más implicados en la patente y comercialización de nuevos organismos y técnicas. Esta situación se ve exacerbada por la aparición de nuevas figuras de propiedad intelectual y gestión de patentes por parte de las universidades públicas. Un investigador asociado a la universidad que quiera publicar los resultados de su trabajo en interés del bien común podría encontrarse con una presión institucional o corporativa significativa para no hacerlo, para así poder patentarlo. En relación con la biotecnología alimentaria, podría decirse que esta redirección de la agenda de investigación pública dificulta considerablemente encontrar fondos para la investigación destinada a criticar o evaluar la tecnología relacionada con los OMG, o investigadores con la independencia y objetividad para llevarla a cabo.

Esta inclusión del interés comercial en la ciencia biotecnológica contribuye a la erosión general de la confianza del público en la objetividad e independencia de la ciencia que respalda la regulación de la biotecnología alimentaria. Esto reduce significativamente los recursos científicos disponibles para los reguladores gubernamentales de esta tecnología, y, por tanto, la fiabilidad de la "base científica" de esta regulación. La situación va mucho más allá de lo que las agencias reguladoras pueden solucionar por sí mismas. En lugar de esto, se ven destinadas a sufrir las consecuencias de esta dinámica en la sociedad mientras que la base de conocimiento de la que dependen para la evaluación de riesgos tecnológicos se ve empobrecida. El Comité de Expertos considera esta una cuestión grave en materia de políticas públicas, relacionada con la financiación pública de investigación científica independiente en las universidades, y sólo quienes están en el gobierno formulando e implementando estas políticas públicas pueden remediar esta situación.

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