La superficie global de transgénicos cultivados disminuye por primera vez desde que comenzó su comercialización

Imagen:
Wesley Hetrick

Desde que comenzaron a comercializarse en 1996, la superficie cultivada con transgénicos había crecido de forma constante en todo el mundo. Ya no.

El ISAAA, una organización financiada, entre otros, por las grandes empresas biotecnológicas, publica todos los años un informe en el que refleja las superficies cultivadas con OMG a nivel global. Normalmente este informe se publica en enero, así que este año resultaba extraño haber llegado a abril sin que apareciera. Finalmente, ha sido publicado con sorprendentes noticias: aunque desde su comercialización la adopción de estos cultivos había aumentado todos los años, en 2015 por primera vez ha bajado. Aunque esta bajada no ha sido muy fuerte (un 1%), representa un freno a la tendencia histórica que había habido en este mercado.

Un año más, además, este informe refleja cual es la verdadera situación de los cultivos transgénicos en el mundo: grandes superficies de monocultivo destinadas al mercado de la exportación (fundamentalmente para alimentación animal y producción de biocombustibles), y centradas en dos rasgos: producción de insecticidas (lo que en el informe llaman "resistencia a insectos") y tolerancia a los herbicidas, fundamentalmente glifosato.

Por otra parte, el ISAAA aprovecha para culpar a las regulaciones sobre OMG (que están muy lejos de ser perfectas) de la falta de expansión de estos cultivos. Incluso en los casos más estrictos, es la propia empresa (y no un laboratorio gubernamental ni un laboratorio independiente) quien realiza los propios ensayos para comparar la variedad transgénica con su equivalente no transgénico; puesto que el proceso necesario para obtener un transgénico puede dar lugar a cambios impredecibles (algunos de los cuales pueden detectarse durante el proceso de evaluación, y otros que no), abogar por la eliminación de estos controles para favorecer la expansión de un sector supone, literalmente, poner los intereses económicos de las empresas por delante de la salud pública y el medio ambiente.

Título: 
La superficie de cultivos modificados genéticamente disminuyó en 2015
Origen: 
The New York Times
Autor/a: 
Andrew Pollack
Fecha: 
Miércoles, 13 Abril, 2016

Desde que comenzaron a comercializarse cultivos transgénicos en 1996, su utilización había crecido de forma constante en todo el mundo. Ya no.

En 2015, por primera vez, la superficie empleada en este tipo de cultivos ha disminuido, según la organización que realiza el seguimiento del cultivo mundial de transgénicos.

Según esta organización, el principal motivo de este descenso, de un 1 por ciento respecto a los niveles de 2014, ha sido la bajada de los precios de las materias primas, que ha llevado a los agricultores a cultivar menos maíz, soja y colza de todos los tipos, tanto transgénicas como no transgénicas.

Sin embargo, las cifras de los últimos años muestran que el mercado existente para estos cultivos se encuentra prácticamente saturado.

Más de tres cuartos de la superficie total a nivel global se concentran en tres países: Estados Unidos, Brasil y Argentina. Y la mayoría de los usos agrícolas de los transgénicos giran en torno a tan sólo cuatro cultivos: maíz, soja, algodón y colza. En muchos casos, más del 90 por ciento de esas cuatro especies en esos tres países, así como en otros grandes productores como Canadá, India y China ya son transgénicos, lo que deja poco espacio para la expansión.

Los esfuerzos para expandir su uso a otros cultivos y países se han visto frenados por la oposición por parte de los consumidores y grupos ecologistas, barreras regulatorias y, en algunos casos, objeciones científicas.

La fuerte regulación de los cultivos transgénicos continúa siendo la principal barrera para su adopción, según el resumen ejecutivo del informe de esta organización sin ánimo de lucro, conocida como el "Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas".

La organización dice que su misión es ayudar a los pequeños productores de países en desarrollo a aprovechar la biotecnología que, mantiene, puede aumentar los ingresos de los agricultores y reducir el uso de pesticidas de síntesis. Su financiación proviene de varias fundaciones, empresas, organizaciones de comercio y gobiernos, entre ellas Monsanto y el gobierno estadounidense.

Aun así, las estimaciones de superficie cultivada anuales son citadas muy a menudo, a veces incluso por los críticos de esta biotecnología.

Las conclusiones en cuanto a políticas a las que llega este grupo son una cuestión diferente. Bill Freese, analista de políticas científicas del Center for Food Safety, generalmente en contra del cultivo de transgénicos, dijo que los informes de la organización "son puras exageraciones".

La ralentización del crecimiento de la agrobiotecnología ha contribuido a la consolidación del sector, con la fusión de DuPont y Dow y la adquisición de Syngenta por parte de China National Chemical Corporation. También está detrás de los intentos de Monsanto de diversificarse, entre otras cosas mediante un infructuoso intento de compra de Syngenta el año pasado.

En general, la superficie cultivada con semillas transgénicas en 2015 cayó un 1 por ciento a nivel global hasta los 179,68 millones de hectáreas, desde una superficie de 181,50 millones de hectáreas en 2014. Según el informe, estos cultivos se utilizaron en 28 países por hasta 18 millones de agricultores, la mayoría pequeños productores de países en desarrollo. Según los críticos, a pesar de la expansión durante las últimas dos décadas, los cultivos transgénicos siguen suponiendo una pequeña fracción de la superficie agrícola global y son cultivados por un pequeño porcentaje de los agricultores del planeta.

El valor de las semillas fue de 15.300 millones de dólares en 2015, una bajada respecto a los 15.700 millones de 2014. Esto representa el 34 por ciento del mercado global de semillas, según el informe.

La mayoría de los cultivos modificados genéticamente contienen genes procedentes de bacterias, que los hacen resistentes a ciertos insectos o tolerantes al Roundup y otros herbicidas. Esta tolerancia a los herbicidas permite a los agricultores utilizar estos químicos para matar las malas hierbas sin dañar el cultivo.

Estos cultivos tuvieron una rápida adopción desde que comenzaron a comercializarse en 1996, especialmente en Estados Unidos. La superficie global creció año tras años, varios años en dos cifras, hasta que en los últimos dos o tres años este crecimiento se ha ralentizado.

Estados Unidos continuaba siendo en 2015 el principal productor de este tipo de cultivos, con una superficie de 70.90 millones de hectáreas, 2,19 millones de hectáreas menos que en 2014. Este descenso se ha visto contrarrestado fundamentalmente por el aumento de 2,02 millones de hectáreas en Brasil, que ha llegado a los 44,19 millones de hectáreas. La superficie en Argentina, el tercer mayor productor, aumento a un 1 por ciento, unos 24,48 millones de hectáreas.

En India, cuyo único cultivo transgénico es el algodón, la superficie se mantuvo en unos 11,61 millones de hectáreas, mientras que en Canadá disminuyó en torno a un 5 por ciento hasta los 11 millones de hectáreas debido al descenso general del cultivo de colza, según el informe.

L. Val Giddings, un defensor de los cultivos transgénicos, declaró que este pequeño descenso anual era un signo de un mercado maduro.

No me sorprende en absoluto esta ligera evidencia de ciclos habituales en agricultura, dijo el Dr. Giddings, miembro sénior de la Information Technology and Innovation Foundation, una organización de Washington que defiende políticas que permitan la innovación.

Los intentos de introducir nuevos rasgos y cultivos han tardado en afianzarse.

En Estados Unidos, desde el año 2014 se han aprobado dos cultivos transgénicos nuevos: manzanas que no sufren pardeamiento al ser cortadas y patatas que producen menores cantidades de un producto químico cancerígeno al freirse. Pero, como respuesta a los activistas, algunas empresas alimentarias como McDonald's, Wendy's y Gerber han declarado no tener intención de utilizar ninguno de esos productos.

El desarrollo de esos mercados será gradual, y en 2015 sólo se han cultivado unas 161 hectáreas de las patatas y 6 hectáreas de las manzanas, dice el informe.

Ahora que Vermont va a requerir el etiquetado de alimentos que contengan ingredientes modificados genéticamente, algunas grandes empresas alimentarias como Campbell, General Mills y Mars han declarado que empezarán a implementar este etiquetado en sus productos a nivel nacional. Del Monte Foods ha ido más allá, declarando que eliminará los ingredientes transgénicos de muchos de sus productos.

En China e India, los productores han adoptado de forma generalizada el algodón diseñado para ser resistente a insectos, pero los intentos de expandir estos usos de la biotecnología a los cultivos alimentarios no han tenido éxito. China ha investigado durante mucho tiempo cómo desarrollar sus propias versiones de maíz y arroz modificados genéticamente, pero su uso comercial aún no ha sido aprobado.

En India, el gobierno impuso en 2010 una moratoria sobre el cultivo comercial de brinjal (un tipo de berenjena) resistente a insectos. Recientemente, el gobierno ha declarado que reducirá las tasas que Monsanto y su socio local pueden cobrar a las empresas algodoneras por sus genes patentados, lo que ha llevado a Monsanto a amenazar con reevaluar sus negocios en el país.

Europa continúa siendo el centro de la oposición a estos cultivos. El cultivo en la Unión Europea cayó en un 18 por ciento hasta unos 1,2 millones de hectáreas, prácticamente todo ello maíz resistente a insectos producido en España.

Según el informe, la superficie global podría expandirse si se adoptase en China el maíz modificado genéticamente, así como en otras partes de Asia y África. Vietnam comenzó a cultivar comercialmente este maíz en 2015. El informe declaró también que había 85 productos potenciales en fase de ensayo, entre ellos maíz tolerante a la sequía y caupí resistente a plagas para África.

 

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