Lo que el New York Times no dijo sobre el caso Folta

Imagen:
Cindee Snider

Tras descubrirse, a través de emails filtrados, que el prominente científico pro-transgénicos Kevin Folta mantenía una estrecha relación con Monsanto, el eco mediático ha llegado hasta el New York Times. Sin embargo, lo que revelan estos emails va más allá del propio Folta. Empresas, científicos y agencias de relaciones públicas han colaborado durante años para avanzar los intereses políticos de la industria.

Este artículo de Jonathan Latham en Independent Science News explora en mayor profundidad las implicaciones de estos emails, obtenidos en el mes de agosto por la organización estadounidense US Right to Know.

Título: 
Los Titiriteros de la Academia (o Lo que se ha Olvidado de decir el NY Times)
Origen: 
Independent Science News
Autor/a: 
Jonathan Latham
Fecha: 
Martes, 8 Septiembre, 2015

“Leer estos emails me da ganas de vomitar” tuiteaba Food Babe tras leer una larga serie de emails publicados en la web del NY Times el 5 de septiembre. Los emails en cuestión se habían obtenido mediante una solicitud bajo la Ley de Derecho a la Información (FOIA), y se encuentran publicados en las barras laterales de un artículo en portada del periodista del Times, Eric Lipton ("Emails demuestran que la Industria Alimentaria reclutó a Académicos para la Guerra sobre los Transgénicos").

El artículo resulta considerablemente perturbador, pero, como daba a entender Food Babe, el Times enterraba la historia real. Lo importante no eran los engaños y maldades de un grupo de profesores de universidad. En estos emails se encontraba la prueba real de la conexión que existe entre las empresas del sector agroquímico, numerosos y a menudo prominentes académicos, empresas de relaciones públicas y universidades en terrenos cedidos1, con el objetivo de promover el uso de transgénicos y pesticidas. En concreto, el Times no señala en ninguna parte que uno de los principales implicados era nada menos que la Presidenta de la American Association for the Advancement of Science (AAAS).

Todo esto se omite por completo, o se entierra en barras laterales de más difícil lectura, no disponibles para los lectores de la versión impresa. En fin, este es el artículo que Eric Lipton debería haber escrito.

En primer lugar, el Artículo de Lipton

El artículo de Lipton parece ser, a primera vista, un trabajo periodístico impecable. Lipton describe cómo Kevin Folta, Director del Departamento de Horticultura de la Universidad de Florida, recibía fondos de forma secreta para cubrir distintos gastos, así como 25.000$ en fondos sin restricciones provenientes de Monsanto, para hablar en favor de los cultivos transgénicos. Ya fuera en nombre del sector biotecnológico, o vía la empresa de relaciones públicas Ketchum, Folta escribía en varias páginas web y acudía a eventos públicos, seminarios, acciones de lobby y otros encargos.

Investigadores reclutados por la industria alimentaria

Parte de esto ya se sabía, pero Lipton consigue extraer nuevas pruebas y citas que ponen a Folta en evidencia. Entre ellas, un email a Monsanto que contradice claramente las declaraciones previas de Folta, quien negaba tener una relación con Monsanto y el sector biotecnológico: "Estoy agradecido por esta oportunidad, y prometo que esta inversión tendrá un retorno considerable," escribía Folta tras recibir el cheque por valor de 25.000$, mostrando por tanto una comprensión clara de su papel y del propósito del dinero. El artículo continúa exponiendo, de forma similar, a Bruce Chassy (Profesor Emérito de la Universidad de Illinois) y David Shaw (Universidad Estatal de Mississipi). También habla, es posible que por "equilibrar", de Charles Benbrook, un ingeniero agrónomo crítico con los transgénicos, quien entonces trabajaba en la Universidad Estatal de Washington y quien, a diferencia de los otros, nunca ha ocultado sus fuentes de financiación.

Lo que Lipton No Dijo

A pesar de todo esto, quienes lean los emails pueden encontrar datos mucho más perjudiciales para la percepción pública de la independencia académica que los que contiene el artículo principal. Para empezar, la cantidad de dinero que recibió Folta resulta insignificante en comparación con las aportaciones que su universidad estaba recibiendo de Syngenta (más de diez millones de dólares), Monsanto (más de un millón), Pioneer (más de diez millones), y BASF (más de un millón). Resulta difícil creer que este dinero no tuviese que ver con proteger a Kevin Folta mientras divagaba de forma entusiasta (y a menudo ofensiva) por la red, a través de su cuenta de Twitter, blog, podcast y editoriales, aplastando a quienes no estaban de acuerdo con él y ridiculizando a quienes son críticos con los OMG allí donde iba.

Otro elemento que no se refleja en el artículo principal del Times es la existencia de la extensa e intrincada red de un pequeño ejército de investigadores avanzando los intereses de Monsanto y otros actores de la industria agroquímica y biotecnológica. Folta raramente actuaba solo. Sus redes están llenas de economistas, biólogos moleculares, patólogos vegetales, especialistas en desarrollo e ingenieros agrónomos, muchos de ellos mucho más célebres que Kevin Folta, pero todos ellos entremezclados a sabiendas con la industria y las empresas de relaciones públicas. Su trabajo era abiertamente reconocido en emails ("Somos tíos duros, haciendo de cómplices en favor de la verdad. Es un placer ser un cómplice junto a vosotros." O, como dijo el mismo Folta: "Estaré encantado de firmar cualquier cosa que queráis, o escribir cualquier cosa que queráis."). De forma más general, el trabajo del grupo era iniciar publicaciones académicas y otros artículos y combatir las amenazas legislativas, mediáticas o científicas para el sector de los OMG y pesticidas, sin desvelar en ningún momento sus vínculos con la industria.

Algunos académicos identificados en estos emails como cooperantes de la industria y las empresas de relaciones públicas son:

  • Profesores Bruce Chassy (Universidad de Illinois) y Alan McHughen (Universidad de California, Riverside), quienes trabajaron conjuntamente para destruir la credibilidad de la científica rusa crítica con los OMG Irina Ermakova. Consiguieron convencer a la revista Nature Biotechnology para que entrevistase a Ermakova en relación a su investigación. Esta entrevista fue seguida por una crítica detallada de su trabajo (sobre un tema en el que ninguno de los autores estaba especializado). A Ermakova no se le informó de esta crítica, ni se le dio opción a contestarla. Parte de este elaborado subterfugio consistió en enviarle un borrador falso del artículo que ella creía que se iba a publicar en la revista.
  • Prof. Calestuous Juma (Universidad de Harvard) defensor histórico del uso de OMG en África.
  • Prof. Wayne Parrott (Universidad de Georgia) un participante habitual en debates académicos sobre OMG.
  • Prof. Roger Beachy (Danforth Center, anteriormente USAID). Beachy es el ejemplo viviente de una estrategia clásica del sector pro-transgénicos: responder rápidamente a informes o publicaciones críticas con cualquier aspecto de la tecnología con una respuesta escrita por varios autores [Nota: el informe inaugural del Bioscience Resource Project (sobre el daño genómico causado por la ingeniería genética) se encontró, incluso antes de ser oficialmente publicado, con toda la artillería de 23 profesores, incluido Roger Beachy (Altpeter et al 2005)].2
  • Prof.Ron Herring (Cornell) quien ha ayudado a promover el uso de OMG en la India y ayudó a suavizar el debate sobre los suicidios de agricultores en el país.
  • Prof. CS Prakash (Universidad de Tuskegee) es el coordinador del influyente foro AgBioWorld. AgBioWorld fue quien canalizó la petición firmada por tres mil científicos pidiendo que se retractara un artículo científico del año 2001 que demostraba la contaminación por OMG del maíz mexicano (Quist y Chapela, 2001). Tal y como se detalló en un artículo llamado Los Falsos Persuasores, los científicos que iniciaron la petición, difundiendo datos atacantes y erróneos sobre sus autores, no eran gente real. Sus direcciones de correo estaban asociadas a servidores que pertenecían a Monsanto y a Bivings, una empresa de relaciones públicas que en aquel momento trabajaba para Monsanto.
  • Prof. Nina Fedoroff (Penn State) es probablemente la más importante de todos los científicos relacionados con los emails del Times. Nina Fedoroff fue la Presidenta de la American Association for the Advancement of Science entre 2011 y 2012. La AAAS es el principal organismo científico de EEUU. Durante su Presidencia, Fedoroff, quien también colabora en el NY Times, utilizó su posición para coordinar y firmar una carta en nombre de 60 importantes científicos. Esta carta fue enviada a la EPA como parte de una iniciativa para frenar un intento de regulación de un pesticida. El coordinador real fue Monsanto, pero Fedoroff participó en conferencias telefónicas e intercambios de emails con ellos (incluido el importante lobbista Stanley Abramson), y se le felicita en los emails por "ayudar a que el balón avance hacia la portería". Sin embargo, en el artículo principal no se habla de Nina Fedoroff ni una sola vez, ni se menciona su posición en ninguna parte.

Con lo cual no se comenta el hecho de que los principales defensores de los OMG en la academia, y algunos de sus científicos más importantes, están incluidos en estos emails. Centrarse en un sólo individuo, como Folta, oculta la demostración, por primera vez, de una coordinación y cooperación entre ellos que se sospechaba desde hace tiempo.3

En varios de estos emails también están incluidos individuos y organizaciones supuestamente independientes que hablan en favor de los transgénicos, según ellos dicen por pasión personal. Entre estos está Steve Savage, Karl Haro von Mogel de Biofortified, Mischa Popoff (del Heartland Institute) y Jon Entine (afiliado entonces a la Universidad George Mason y ahora director del Genetic Literacy project, también columnista en la revista Forbes). Todos ellos se revelan, en los emails pero no en el artículo, como afiliados al sector biotecnológico.

La cooperación entre académicos no es delito. Sin embargo, estos emails demuestran, como en el caso de la carta a la EPA, que una empresa (generalmente Monsanto, pero también Dow y Syngenta) y una agencia de relaciones públicas, a veces varias, además de en ocasiones grupos de lobby como Bio o Croplife America, estaban invariablemente incluidas en estos emails, y lo que es más, que las iniciativas solían ser puestas en marcha por una de estas entidades no-académicas, y eran guiadas por ellas. Muy rara vez puede llegar a entenderse de los emails que fueran los científicos quienes llevaban las riendas, aunque en el resultado final se intentaba siempre que lo pareciera.

Sin embargo, puede que la mayor revelación de estos emails sea la connivencia de los responsables de las universidades, especialmente en la Universidad de Cornell. El artículo del NY Times critica fundamentalmente al vicepresidente de la Universidad Estatal de Mississipi, David Shaw. Sin embargo, en una de las cadenas de correo, junto con Jon Entine y la agencia de relaciones públicas Ketchum se encuentran varias direcciones y nombres de la Universidad de Cornell. Lipton no lo menciona, pero las direcciones de correo corresponden con miembros muy veteranos de la administración de Cornell. Entre ellas se encuentran Ronnie Coffman (Director de la Facultad de Agricultura y Ciencias de la Vida de Cornell) y Sarah Evanega Davidson (ahora directora de la Cornell Alliance for Science, financiada por Gates).

La Alliance for Science es un proyecto de relaciones públicas y centro de formación internacional para investigadores y otros que quieran trabajar con el sector biotecnológico en la promoción de los cultivos transgénicos. Está financiada (5,6 millones de dólares) por la Fundación Gates. En su programa de ponentes en Cornell para el mes de septiembre están Tamar Haspel (periodista del Washington Post), Amy Harmon (periodista del New York Times) y el Prof. Dan Kahan (Facultad de Derecho de Yale). Estos ponentes son exactamente los mismos que se mencionan en una propuesta redactada entre Kevin Folta y Monsanto en una serie de emails intercambiados con la intención de promover la divulgación en favor de los transgénicos. Estos intercambios de emails también propone que se lleven a cabo eventos del tipo "Pregúntame cualquier cosa"en distintos puntos del país, en los que participaría, entre otros, Kevin Folta.

El 10 de septiembre la Alliance for Science de Cornell organizará un evento en el centro de Ithaca, con el título "Pregúntame lo que quieras sobre OMG", en el que participará Kevin Folta. De una u otra manera la Alliance for Science de Davidson ha sido capaz de leerle perfectamente los labios a Monsanto.

Tu derecho a saber

Dejadme especular sobre lo que está pasando realmente entre bambalinas con el artículo de Lipton.

A principios de este año, un grupo estadounidense recién formado denominado US Right to Know (el Derecho a Saber de EEUU, USRTK) envió varias solicitudes bajo la normativa de Derecho a la Información (FOIA) relacionadas con 14 (ahora 43) importantes investigadores públicos, de quienes sospechaba trabajaban con (y eran pagados por) el sector biotecnológico y/o empresas de relaciones públicas asociadas. Si estos 43 investigadores no hubieran tenido nada que ocultar, esta solicitud no habría atraído demasiado la atención. Sin embargo las solicitudes de USRTK suscitaron un tremendo escándalo en distintos foros, en relación al "acoso" a investigadores públicos. Este escándalo ha conducido a la publicación de editoriales en el LA Times y la controvertida retirada de mensajes publicados en internet por científicos defendiendo a USRTK, y seguramente a mucho más, ya que finalmente a la mesa de USRTK han llegado decenas de miles de emails procedentes de estas solicitudes.

¿Qué recomendaría una buena agencia de relaciones públicas a sus clientes en una situación como esta? Para evitar la probable tormenta derivada de todos estos eventos, podría recomendar que varios medios de comunicación se adelantaran a USRTK y publicaran una versión de los hechos en las que investigadores de menor importancia como Kevin Folta, Bruce Chassy o David Shaw aparezcan como los malos. Cargarles las culpas a ellos distrae la atención del resto: científicos de alto nivel como Nina Fedoroff y Roger Beachy; la comunidad científica pro-transgénicos en general; y prestigiosas instituciones de la Ivy League como la Universidad de Cornell.

Estos peces mucho más gordos son los que tenía que haber pescado el NY Times. Dado que no lo hicieron, o quizá que no quisieron hacerlo, esperemos que USRTK haga un mejor uso de esos emails, idealmente publicándolos todos online.

  • 1. Las “Land-grant universities” (Universidades en terrenos cedidos) son centros educativos construidos en terrenos cedidos por el gobierno estadounidense, con vocación de promover la investigación y difusión en campos del conocimiento eminentemente prácticos, como la agronomía.
  • 2. Publicado posteriormente como A. K. Wilson, J. R. Latham and R. A. Steinbrecher (2006) Transformation-induced Mutations in Transgenic Plants: Analysis and Biosafety Implications. Biotechnology and Genetic Engineering Reviews  23: 209-237
  • 3. Otros profesores incluidos en copia en estos emails: Peter Davies (Cornell), Carl Pray (Rutgers),  Tony Shelton (Cornell), Peter Phillips (University of Saskatchewan), Prabhu Pingali (Cornell), Elizabeth Earle (Cornell), Peter Hobbs (Cornell), Janice Thies (Cornell) and Ann Grodzins Gold (Syracuse), Martina Newell-McGloughlin (UC Davis).

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