Los lobbies y "la confusión europea" sobre OMG

Imagen:
Henk Sijgers

Jim Goodman, un ganadero de Wonewoc, ofrece su visión sobre la presión del lobby agroalimentario en la toma de decisiones en materia de OMG en la Unión Europea.

Título: 
La “confusión europea” en materia de OMG es un gran problema para el sector biotecnológico
Origen: 
The Cap Times
Autor/a: 
Jim Goodman
Fecha: 
Lunes, 29 Junio, 2015

La prensa dirigida a los agricultores estadounidenses es un segmento de los medios de comunicación que la mayoría de la población nunca llega a ver. Estas páginas de papel satinado dicen a los productores todo lo que necesitan saber para tener éxito, ser eficientes y apostar por el progreso - es decir, crecer sin parar. La mayoría no tienen tasa de subscripción; no faltan anunciantes para cubrir los costes.

El contenido editorial está claramente diseñado para mantener contentos a estos anunciantes. Al apoyar la tendencia hacia explotaciones cada vez más grandes también fomentan las ventas de maquinaria cada vez más grande y más cara. Los artículos sobre gestión de personal dan consejos a los agricultores sobre cómo hacer que sus empleados sudamericanos sigan siendo productivos. Los editoriales que promueven la compra de semilla modificada genéticamente (MG), sus pesticidas asociados y su capacidad inherente de alimentar al mundo son frecuentes e insistentes.

Un editorial (Acabemos con la Confusión Europea sobre la Biotecnología) en el número de junio de 2015 de El Agricultor Progresista señalaba que "Todo país tiene el derecho de decidir por sí mismo en materia de cultivos transgénicos, pero la incertidumbre constante relativa al proceso de aprobación de la UE tiene que terminar." A la vez que dice que los países deberían mantener su derecho de autodeterminación, la opinión del editor es dolorosamente clara - la Unión Europea debería superarlo ya y aceptar la ingeniería genética.

Pero, ¿por qué debería la UE ceder ante la presión de las transnacionales y aceptar aquello que la gente no quiere? Si la Comisión Europea o los países a título individual eliminaran el derecho de los ciudadanos europeos a rechazar los alimentos transgénicos y por tanto "acabaran con la incertidumbre", estarían regalando un derecho de la población - el derecho a controlar su sistema alimentario - a los intereses de las transnacionales del agronegocio.

Existen incertidumbres en el proceso de aprobación porque la Comisión Europea recibe muchas presiones por parte de sectores pro- y anti-transgénicos.

Los miles de lobbistas de la industria agroalimentaria que se han instalado en el Barrio Europeo de Bruselas están bien pagados por las mayores empresas químicas y biotecnológicas - Monsanto, Syngenta, BASF, Bayer, Dupont/Pioneer y Dow - para influir en la política de la UE.

Por otra parte, los ciudadanos de la UE, mediante la protesta, y no previo pago, han hecho llegar sus demandas a la Comisión Europea. Como reconoce El Agricultor Progresista, "La mayoría de europeos no quieren ingredientes transgénicos en los alimentos que consumen."

En EEUU, las transnacionales y los empleados gubernamentales cuyas campañas financian quieren eliminar el control local en cuanto surge la posibilidad de que este suponga un recorte en los márgenes de beneficio empresarial. El control local otorga demasiado poder a los ciudadanos.

Sería más fácil y más barato instalarse en Bruselas y trabajar en el Parlamento Europeo que intentar influir en los gobiernos de 28 países por separado, pero según nuestra experiencia, harán lo que haga falta.

Ron Gray, presidente del US Grains Council, señalaba, "La cuestión es simplemente si Europa quiere tener un sistema operativo, basado en la ciencia, o si permitirá que la presión política acabe con todo lo demás"

¿Presión política? ¿La presión política está bien si la aplican los lobbistas de las empresas agroalimentarias, pero no si son los ciudadanos? Parece ser que, según él, los lobbistas simplemente están presionando para que la innovación siga adelante, mientras que los ciudadanos, preocupados por sus hijos, el medio ambiente y los productores locales, están reprimiendo esa innovación de forma maliciosa.

Jim Greenwood, Director de la Biotechnology Industry Organization, afirmaba que "la capacidad de comercializar nuevos productos depende de la regulación basada en la ciencia y el anáisis de riesgos, predecible y oportuna. El mundo no puede permitirse que la innovación sea cautiva de la política."

Pretende convencernos de que la política debería ayudar a las grandes empresas porque, como sabemos, las grandes empresas siempre tienen en mente lo que es mejor para la población. Él, sin embargo, cree que los gobiernos deberían ignorar los inoportunos deseos de la gente - no vaya a ser que la innovación, los beneficios y el control del sistema alimentario se escapen de las manos del agronegocio corporativo.

Este mensaje es bastante frecuente en EEUU.

Aunque puede que la frase "que coman pasteles" nunca llegara a pronunciarse en relación a los campesinos hambrientos del siglo XVIII, la presión de "que coman [...] transgénicos" en el siglo XXI parece estar viva y coleando en los lobbies, juntas directivas, gabinetes de comunicación y centros de poder político del mundo.

Quienes trabajan para que esto pase están bien pagados.

Jim Goodman es un ganadero de Wonewoc.

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