Resumen del reportaje de Le Monde sobre "La guerra contra la ciencia de Monsanto"

Imagen:
Giulia van Pelt

Las empresas agroquímicas han construido su imagen pública erigiéndose como "defensoras de la ciencia", o como poseedoras de un "consenso científico" que no existe - esto ha ocurrido en el contexto de la polémica en torno a los transgénicos, pero no sólo (el libro "Merchants of Doubt" analiza cómo se han utilizado estas tácticas en distintos sectores de la industria). Algunos defienden a capa y espada que la seguridad de los transgénicos está más que demostrada y decir lo contrario es ser "anticientífico", cuando incluso el informe de la Academia Nacional de las Ciencias exponía que no se pueden hacer afirmaciones absolutas sobre la seguridad de los transgénicos, y que aunque no había detectado daños para la salud relacionados con el consumo de estos, esto puede deberse a que hasta la fecha no se han realizado los estudios adecuados para detectar algo así - cabe tener en cuenta que meses más tarde se descubrió que en el comité que redactaba este informe había importantes conflictos de intereses no revelados que violaban la propia regulación de la Academia.

Sin embargo, hay casos notables en los que estas mismas empresas actúan haciendo todo lo contrario de lo que harían si realmente estuvieran en busca de "la verdad científica" - generalmente cuando sus beneficios se ven amenazados. El caso del glifosato está dando últimamente varios ejemplos de este tipo de comportamiento, en este caso por parte de su empresa madre: Monsanto (aunque, desde luego, no es ni será la única). Un ejemplo sería la lucha por mantener ocultos ante la propia IARC - agencia para la Investigación del Cáncer dependiente de la OMS - los estudios que demostraban la supuesta inocuidad del glifosato. Cuando finalmente se permitió que científicos de la IARC reanalizaran los datos, estos llegaron a conclusiones muy diferentes; los esfuerzos activos por ocultar información también se están manifestando en los juicios, también en torno a la relación Roundup-cáncer, que están teniendo lugar en EEUU durante estos meses, y que han permitido desclasificar los documentos conocidos como "papeles Monsanto".

Toda esta batalla surgió después de que, en marzo de 2015, la IARC clasificase el glifosato como "probablemente carcinogénico para los seres humanos". Un reportaje de investigación del periódico francés Le Monde ha profundizado en las consecuencias que este anuncio ha tenido para los científicos de ese comité de la IARC, que desde entonces han estado siendo acosados y difamados por la empresa. Aunque el acceso al reportaje completo de Le Monde es de pago (y está en francés), GMWatch ha publicado un resumen, cuya traducción reproducimos a continuación.

Título: 
Monsanto, en guerra contra la ciencia - el periodismo de investigación golpea fuerte
Origen: 
Le Monde vía GMWatch
Fecha: 
Lunes, 19 Junio, 2017

La semana pasada tuvo lugar un importante debate sobre los riesgos para la salud del glifosato en el Parlamento Europeo. Entre los eventos que provocaron el debate, y las preguntas parlamentarias más en profundidad que seguramente le seguirán, estaba la publicación en el diario francés Le Monde de un reportaje sobre la "guerra contra la ciencia" iniciada por Monsanto.

En el reportaje en dos partes de Le Monde los periodistas Stéphane Foucart y Stéphane Horel detallaban los distintos ataques que Monsanto ha dirigido contra la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) - la institución que desató la controversia tras concluir que el glifosato era probablemente carcinogénico.

La gravedad, escala y duración de estos ataques, según el director de la IARC, no tiene precedentes. Y no parece que vayan a terminarse próximamente. De hecho, en cuanto miembros del Parlamento Europeo manifestaron su descontento con el proceso de reaprobación del glifosato, la agencia de noticias Reuters publicaba un artículo que contenía acusaciones contra el científico que había dirigido la revisión del glifosato en la IARC.

Pronto se supo, sin embargo, que la periodista de Reuters Kate Kelland había recibido información engañosa y cuidadosamente seleccionada, y que el "científico independiente de Monsanto" a quien había entrevistado para el artículo era, de hecho, un consultor contratado por la empresa.

En su devastadora crítica del artículo de Kelland, la antigua periodista de Reuters Carey Gillam señalaba que la entrevista debería considerarse "parte de una jugada cuidadosamente construida de Monsanto y el sector de los pesticidas para desacreditar el trabajo de la IARC."

Y lo que queda claro en la investigación de Le Monde es que estos engañosos ataques mediáticos son simplemente un elemento dentro del asalto a varias bandas que Monsanto está llevando a cabo.

A continuación nuestro resumen de la primera parte del reportaje de Le Monde.
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El asalto de Monsanto a la IARC comenzaba ya en marzo de 2015, cuando la agencia publicaba un informe en el que clasificaba al glifosato - el componente principal del herbicida superventas de la empresa, Roundup - como genotóxico (dañino para el ADN), carcinogénico para los animales y "probablemente carcinogénico" para los humanos.

Malas noticias para una empresa que ha construido su fortuna en base a las ventas de Roundup y las semillas transgénicas Roundup Ready asociadas a él. Decididos a proteger su producto estrella, el gigante de los pesticidas se propuso hacer daño como fuera a la agencia de investigación del cáncer de las Naciones Unidas.

Aunque la agencia ya había recibido ataques en otras ocasiones, nunca antes, según el director de la IARC Cristopher Wild, habían sufrido nada parecido a la brutal ofensiva que Monsanto ha llevado a cabo contra ellos en esta ocasión.

Según Wild declaró ante Le Monde, "Esta vez somos el blanco de una campaña orquestada de una escala y duración nunca vistas."

"En los dos últimos años," dicen Foucart y Horel, "la institución que dirige está en llamas: la credibilidad e integridad de su trabajo están siendo cuestionadas, sus expertos son denigrados y acosados por los abogados y sus ingresos se han visto debilitados. La IARC ha estado a cargo, durante casi medio siglo y bajo el auspicio de la OMS, de realizar un inventario de sustancias carcinogénicas. Pero ahora esta venerable agencia está empezando a quebrarse debido al asalto."

La campaña de Monsanto se puso en marcha con un comunicado en el que denominaba al veredicto de la IARC "ciencia basura", y el resultado de "escoger selectivamente" los datos, basándose en un "sesgo impulsado por su agenda" que les había hecho tomar una decisión después de tan sólo "unas horas de debate en una reunión de una semana."

Esto no tenía ningún sentido, y Monsanto lo sabía perfectamente. Su "reunión de una semana" era sólo el culmen de un año de trabajo sobre este tema, llevado a cabo por un grupo de expertos en la materia.

Monsanto había tenido incluso a su propio "observador" presente en esa reunión final, para poder asegurarle a la empresa que todo el proceso se había realizado correctamente. De hecho les dijo que sus aportaciones a la reunión habían sido recibidas de forma amistosa y con interés. Podemos saber esto ahora porque su informe sobre la reunión fue revelado en los denominados "papeles de Monsanto" - documentos internos de la compañía publicados a principios de 2017 a raíz de la demanda interpuesta por un grupo de víctimas de cáncer en EEUU y el juicio subsiguiente.

Pero para Monsanto la difamación del proceso de la IARC era sólo el principio de la operación. Durante los meses siguientes los miembros del comité de la IARC sobre el glifosato que no vivían en EEUU recibieron cartas del bufete de abogados de Monsanto. En estas se les pedía que entregasen todos los archivos relacionados con su trabajo sobre el glifosato. El experto en patología Consolato Maria Sergi, profesor de la Universidad de Alberta en Canadá, describió la carta que había recibido no sólo como carente de la educación más básica, sino como deliberadamente "intimidante y dañina". En su respuesta a los abogados de Monsanto decía, "Considero su carta perniciosa, porque busca de forma maliciosa instigar ansiedad y aprensión en un grupo independiente de expertos."

Los miembros del grupo de la IARC que sí vivían en EEUU no corrieron mejor suerte. Los que trabajaban para el Instituto Nacional de Salud (NIH), la Agencia de Protección Ambiental de California (CalEPA), la Universidad Texas A & M y la Universidad Estatal de Mississipi no sólo recibieron solicitudes bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA) dirigidas a sus instituciones - la FOIA pretende permitir a la ciudadanía el acceso a documentos producidos por organismos y trabajadores públicos - sino que fueron además citados por los abogados de Monsanto dentro del procedimiento legal en curso en torno al glifosato.

Foucart y Horel preguntan si el objetivo de estas maniobras intimidatorias era silenciar las críticas. Señalan que algunos científicos de fama mundial, que normalmente se muestran abiertos a las peticiones de los medios, no respondieron a las solicitudes de Le Monde, incluso cuando estas se limitaban a charlas informales. Algunos sí accedieron pero con la condición de hablar con los periodistas en una línea privada fuera del horario de oficina.

Ataques a la financiación de la IARC

Otra línea del ataque a la IARC ha venido por la vía de los aliados de Monsanto en el Congreso estadounidense. Foucart y Horel cuentan cómo un miembro de la Cámara de los Representantes que preside la Comisión de Control Estatal y Reformas, el republicano Jason Chaffetz, escribía al director del NIH, Francis Collins, el 26 de septiembre de 2016. Chaffetz solicitó todos los detalles y la justificación de la "sustancial financiación por parte de los contribuyentes" de la IARC a través del NIH.

La intervención de Chaffetz fue aclamada por el American Chemistry Council (ACC), una potente organización de lobby de la cual Monsanto forma parte.

Al mismo tiempo Croplife International, otro gran grupo de lobby que trabaja a nivel global para empresas agroquímicas como Monsanto, se dirigió a algunos de los veinticinco Estados miembros del Consejo de Gobierno de la IARC para quejarse de la calidad del trabajo de la agencia. Estos Estados aportan cerca del 70% del presupuesto global de la IARC.

El misterioso Sr. Watts

Pero no sólo los abogados y lobbies de Monsanto entraron en acción. Según Le Monde: "Durante el año 2016 aparecieron en la saga del glifosato algunos personajes que parecían salidos de una novela de John Le Carré."

En junio apareció en una conferencia de la IARC un tal "Señor Watts", que a veces se presentaba como periodista, y que intentaba obtener información detallada sobre el funcionamiento y financiación de la IARC. Unos meses más tarde este mismo personaje reaparecía en la conferencia anual de otra respetable organización para la investigación del cáncer, el Instituto Ramazzini, con base cerca de Bolonia (Italia). El Ramazzini había anunciado recientemente que llevaría a cabo un estudio de carcinogenicidad sobre el glifosato, así que Cristopher Watts también quería saberlo todo sobre cómo funcionaba y se financiaba este instituto.

Watts utilizaba una dirección de correo electrónico que terminaba en "@economist.com," por lo que la gente daba por hecho que trabajaba para The Economist. Al preguntársele más insistentemente Watts dijo que trabajaba para la Economist Intelligente Unit (EIU), una consultora dependiente de The Economist. Aunque más tarde la EIU afirmaba que Watts "estaba trabajando en una historia para The Economist", cuando asistía a esas conferencias la oficina editorial del periódico dijo a Le Monde que "no había nadie en su plantilla con ese nombre."

Foucart y Horel sí que consiguieron relacionarle con una empresa, una que él decía haber creado a finales de 2014: Corporate Intelligence Advisory Company. El Sr. Watts, cuya dirección personal está en Albania según los documentos administrativos, no quiso responder a las preguntas de Le Monde.

Cristopher Watts no era el único que de repente estaba interesado en los procedimientos y financiación de la IARC. Durante los meses siguientes una serie de individuos que se presentaban como periodistas, investigadores independientes o asistentes de bufetes de abogados se pusieron en contacto con científicos e investigadores asociados con el trabajo de la IARC, buscando datos específicos del mismo tipo.

Robo de identidad

Según Le Monde una de estas personas, Miguel Santos-Neves, que trabaja para Ergo, una empresa de inteligencia económica con base en Nueva York, había sido detenido por el sistema judicial estadounidense por robo de identidad. Según una noticia de julio de 2016 en el New York Times, el Sr. Santos-Neves había investigado en nombre de Uber a una persona que se encontraba en disputa con la empresa, e interrogado a su entorno profesional utilizando una historia falsa. La empresa Ergo no ha querido responder a las preguntas de Le Monde.

Hay otras dos organizaciones de dudosa reputación que han puesto a la IARC y al Instituto Ramazzini en el punto de mira: el Energy and Environmental Legal Institute (E & E Legal), que afirma "hacer responsables a aquellos que buscan una regulación gubernamental excesiva y destructiva basándose en políticas dirigidas por su agenda política, por la ciencia basura y por la histeria" y la Free Market Environmental Law Clinic, que busca "aportar un contrapeso al movimiento ecologista que promueve un régimen regulatorio económicamente destructivo en Estados Unidos".

Según el artículo de Le Monde estos dos equipos han iniciado no menos de 17 solicitudes de acceso a la documentación del NIH y la Agencia de Protección Ambiental Estadounidense. En lo que Le Monde denomina "tácticas de guerrilla legal, burocrática e invasiva," han solicitado la correspondencia de los funcionarios estadounidenses que contenga términos como "IARC" y "glifosato". Han llegado a pedir los detalles más mínimos sobre becas, premios y otras relaciones económicas y no económicas entre las agencias estadounidenses, la IARC, ciertos científicos y el Instituto Ramazzini.

Ambas organizaciones están dirigidas por la misma persona, David Schnare - un negacionista climático conocido por acosar a científicos que estudian el clima. El infame Steve Milloy, anteriormente comercial de Monsanto y lobbista en favor del tabaco, forma también parte de la misma organización, según Le Monde.

Ataques mediáticos

También se han llevado a cabo ataques mediáticos contra la IARC, pudiéndose destacar The Hill, una web de noticias que Le Monde describe como una lectura obligatoria para cualquier figura política de Washington. Los autores de estos artículos atacantes vienen de "un escuadrón de propagandistas que mantienen desde hace mucho tiempo vínculos con empresas agroquímicas o think tanks conservadores, como el Heartland Institute o el George C. Marshall Institute, conocidos por su importante papel en la promoción del negacionismo climático". Estos vínculos han sido recopilados por la organización US Right to Know (USRTK).

Estos autores no sólo utilizan los mismos argumentos, sino que a veces utilizan exactamente las mismas frases: critican la "ciencia de pacotilla" de la IARC; a la agencia en sí, o dicen que la agencia en sí ha sido "ampliamente criticada" por estar devorada por los conflictos de interés, sin decir de quién vienen esas críticas.

Foucart y Horel señalan que Monsanto está también llevando a cabo una campaña en redes sociales, algo que descubrieron los abogados que participan en los juicios sobre glifosato y cáncer que están teniendo lugar en EEUU.

"No dejar pasar nada"

Los ejecutivos de Monsanto han revelado un programa confidencial denominado "No dejar pasar nada", que busca asegurarse de no dejar ninguna crítica a la empresa sin respuesta. Según los documentos de los bufetes de abogados implicados, Monsanto utiliza terceras empresas que "contratan individuos que parecen no tener conexión con el sector, y que a su vez publican mensajes positivos en artículos de noticias y posts de Facebook, en los que defienden a Monsanto, sus productos químicos y a los transgénicos."

A finales de enero de 2017 el American Chemistry Council habría también un frente en redes sociales cuyo objetivo directo era la IARC. Su "Campaña para la precisión en la investigación sobre salud pública" (CAPHR) utilizaba Twitter y una página web específica para ridiculizar las conclusiones de la IARC.

Le Monde señala también lo siniestro que resulta que Trump haya convertido al director del lobby American Chemistry Council en vicedirector del Servicio de regulación de productos químicos y pesticidas de la Agencia de protección ambiental (EPA) estadounidense. La EPA supervisa la reevaluación del glifosato. Andrew Liveris, director de Dow Chemical y miembro del American Chemistry Council, también forma parte de la nueva administración de Trump.

Mientras tanto, en el Congreso, el director republicano del Comité de Ciencia y Tecnología ha solicitado que se investiguen los vínculos económicos entre el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS) y el Instituto Ramazzini, para "asegurar que quienes reciben las becas se adhieren a los criterios más estrictos de integridad científica."

Los propagandistas se unen al ataque

Esta jugada se ha ganado el apoyo de dos conocidos propagandistas, Julie Kelly - una bloguera pro-transgénicos cuyo marido trabaja como lobbista para el gigante del agronegocio ADM, y Jeff Stier, un "experto" del Heartland Institute (organización relacionada con el negacionismo climático). Su artículo en National Review atacaba personalmente al director del NIEHS por promover una "agenda quimiófoba", y al anterior asistente del director del instituto, el profesor Cristopher Portier, que participó en el trabajo de la IARC como especialista invitado. Este científico de alto nivel fue descrito en el artículo como un "conocido activista antiglifosato", y ambos fueron descritos como "amigos del Ramazzini". La infame Breitbart News, de extrema derecha, también incluía la historia de Kelly y Stier.

El artículo de Le Monde termina diciendo que es poco probable que los ataques al Ramazzini y la IARC terminen pronto. Esto se debe a que, después del glifosato, el Ramazzini investigará otros pesticidas conocidos y productos químicos de alto valor estratégico, por ejemplo el bisfenol A (BPA) o el aspartamo.

Es sabido que el NIEHS es uno de los principales financiadores de la investigación sobre la toxicidad del BPA a nivel mundial. En el caso del aspartamo, el estudio que lanzó la primera llamada de atención sobre la posible carcinogenicidad de este endulzante fue realizado hace varios años - por el Instituto Ramazzini.

La última parte del artículo de Le Monde se refiere a Fiorella Belpoggi, directora del Departamento de Investigación del Instituto Ramazzini y del Centro de Investigación del Cáncer Cesare Maltoni. En su conversación con Foucart y Horel decía: "Antes de esto no me había dado cuenta de lo importantes que somos. Pero si te deshaces de la IARC, del NIEHS y del Instituto Ramazzini te deshaces de tres símbolos de la ciencia independiente de la industria."

Y esa, concluye Le Monde, es un tipo de ciencia que se ha convertido en una amenaza para unos intereses económicos que valen miles de millones de euros.

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