Brasil acaba de autorizar el cultivo comercial de la primera variedad de caña de azúcar transgénica a nivel mundial, modificada para producir una toxina insecticida procedente de la bacteria Bacillus thuringiensis (una modificación similar a la realizada, por ejemplo, en el maíz MON810 que se cultiva en la Península Ibérica o el algodón Bt que se cultiva en la India).

El Dr. Michael Antoniou, investigador en terapia génica, explica qué supone el que CRISPR pueda provocar mutaciones en sitios distintos al sitio diana - más información en este artículo que publicábamos la semana pasada - y apunta a cómo podría evaluarse la seguridad de esta y otras técnicas de edición génica.

De entre las nuevas técnicas de ingeniería genética surgidas en los últimos años, CRISPR (la más reciente) parece ser la más prometedora. A diferencia de las técnicas utilizadas para producir los transgénicos comercializados hasta ahora - en los que el gen se introduce en un sitio al azar del genoma - CRISPR permite elegir el sitio sobre el que se actúa.

En marzo de 2015, la IARC (Agencia de la OMS para la investigación del cáncer) clasificaba el glifosato - el herbicida más utilizado del mundo y esencial para el cultivo de la mayor parte de transgénicos a nivel global - como probablemente carcinogénico para los seres humanos, desatando una controversia que aún sigue dando que hablar.

Aunque los organismos más famosos obtenidos mediante ingeniería genética son los transgénicos, existen otras técnicas no utilizadas comercialmente hasta ahora y que se engloban con el término NBTs (nuevas técnicas de mejora).