¿Cómo se produce una planta transgénica?

Una planta transgénica es aquella que contiene genes procedentes de una o varias especies diferentes, que le confieren una característica nueva. El proceso que lleva a su obtención es largo, complejo y muy costoso.

Para introducir un gen procedente de un organismo donante (una bacteria, un animal, otra planta...) en el organismo receptor (la planta en cuestión) es necesario seguir varios pasos.

El primer paso consiste en aislar el gen del organismo donante, “cortarlo” y “pegarlo” entre los genes de una bacteria (esto se puede imaginar de forma similar al “cortar” una frase de un texto y “pegarla” entre las frases de otro texto). Esta bacteria servirá a la vez como recipiente y “fotocopiadora” de este gen de interés, ya que, al multiplicarse, dará lugar a una descendencia de millones de bacterias que lo contienen.

Antes de introducirlo en la planta, este gen necesita varios “añadidos”. Estos añadidos consisten típicamente en partes de otros genes procedentes de diferentes especies, que también se “cortan” y “pegan” junto al gen de interés. Todos juntos forman lo que se llama un “cassette génico”. Este cassette es el que se pretende introducir en la planta. Por ejemplo, en la primera generación de cultivos tolerantes a glifosato, el cassette utilizado contenía partes de dos bacterias, un virus y una petunia.

El siguiente paso consiste en intentar introducir este cassette génico en las células de la planta. A este proceso se le llama transformación. Los métodos de transformación más utilizados hasta la fecha han sido dos: disparar con una “pistola de genes” pequeñas partículas de oro recubiertas con el ADN que se quería introducir, o infectar las células de la planta con una bacteria llamada Agrobacterium tumefaciens, una bacteria patógena que en la naturaleza inserta sus genes en los de la planta para parasitarla. Modificando a su vez a Agrobacterium, se consigue que introduzca en la planta el cassette génico en lugar de sus propios genes.

Estos dos métodos de transformación tienen en común que no tienen la capacidad de controlar en qué parte del genoma de la planta se insertará el cassette génico (siguiendo la analogía del texto, no se sabe entre qué palabras se pegará la frase, o si lo hará interrumpiendo una palabra o una frase a la mitad). Todos los transgénicos comercializados hasta la fecha se han obtenido con técnicas que no permiten controlar el lugar en el que se inserta el gen.

De entre las millones de células bombardeadas o infectadas, sólo unas pocas habrán permitido la inserción del gen dentro del genoma. De entre estas, aún menos expresarán el gen (ejecutarán las instrucciones que contiene, dando lugar a una proteína nueva). La gran mayoría de los genes que se insertan no funcionan, ya sea porque se introducen en regiones del genoma que no permiten la activación del gen, o porque los mecanismos de defensa de la planta silencian (inactivan) cualquier material “foráneo”.

Las pocas células que sobreviven (cientos o miles) y expresan el gen se seleccionan y son tratadas con hormonas para estimular su proliferación y diferenciación, dando lugar a pequeñas plántulas transgénicas que pueden pasar a cultivarse en el suelo.

Como en cada caso el gen se ha introducido en un lugar distinto, e interacciona de forma distinta con el resto del genoma, los efectos que provoca varían de unas plantas a otras. De entre las plantas que se han obtenido, se seleccionan aquellas que presentan un aspecto normal y expresan el producto que se desea en la cantidad suficiente. Estas serán las candidatas para la fase de comercialización, que tendrán que ser sometidas a análisis de seguridad.

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