¿Son los alimentos transgénicos perjudiciales para la salud?

Algunos estudios revisados por pares han revelado que los alimentos transgénicos pueden tener efectos tóxicos y alergénicos y un valor nutricional alterado. Este tipo de efectos ha sido observado incluso en los estudios que la propia industria lleva a cabo para respaldar sus solicitudes de autorización de un producto.

Una mayoría de los estudios de alimentación animal con OMG son ensayos a corto o medio plazo -demasiado breves para poner en evidencia posibles efectos a largo plazo (crónicos), como fallos de un órgano, cáncer o problemas reproductivos. Para verificar si los indicios de toxicidad observados en los estudios de corta duración se transforman en trastornos graves, se requiere estudios a largo plazo o multi-generacionales. Sin embargo, este tipo de estudios no es exigido por las autoridades en ningún país del mundo.

Existen otros estudios que no observan diferencias entre los animales alimentados o no alimentados con OMG. Según una revisión del año 2011, existe un equilibrio entre el número de publicaciones que no encuentran diferencias significativas y las que plantean preocupaciones graves.

En internet pueden encontrarse largas listas de estudios que, supuestamente, demuestran la seguridad de los alimentos transgénicos. Sin embargo, al analizar estas listas, puede encontrarse que un buen número de los artículos citados no resultan relevantes para la evaluación de los efectos para la salud humana, otros no han sido sometidos al proceso de revisión por pares, y algunos sí que encuentran diferencias significativas.

La industria y las autoridades reguladoras desestiman a menudo los resultados que indican toxicidad en los estudios de alimentación animal con OMG, afirmando que no son “biológicamente significativos” o "biológicamente relevantes”. Sin embargo, estos términos no han sido definidos adecuadamente en el contexto de los estudios de alimentación animal con OMG, y carecen de sentido científicamente.

Por otra parte, y en contra de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud, tampoco se llevan a cabo estudios post-comercialización que permitan estudiar la diferencia en la incidencia de determinadas dolencias en la población expuesta (que consume un determinado alimento transgénico) y no expuesta, por lo que no existe una forma de detectar alergias o daños a largo plazo que puedan estarse produciendo. Al no exigirse un etiquetado adecuado, debido a la oposición de las empresas implicadas, en aquellas zonas en las que el consumo de alimentos transgénicos está más extendido, resultaría imposible llevar a cabo este tipo de estudios aunque se quisiera.

El estudio que ha resultado más controvertido en los últimos años, el del Dr. Gilles-Eric Séralini, alargaba a dos años (la duración de un estudio a largo plazo) un ensayo a corto plazo llevado a cabo por científicos de Monsanto, en el que se hallaban diferencias en el hígado y riñón que, aunque estadísticamente significativas, no se consideraron biológicamente relevantes. El estudio de Séralini confirma que, a largo plazo, estas diferencias iniciales se convierten en daños a estos órganos, en poblaciones expuestas tanto al maíz transgénico NK603 como a su herbicida asociado (Roundup, basado en glifosato). Un estudio posterior confirma cambios en los niveles de expresión de distintos genes relacionados con patologías del hígado y el riñón tras la exposición a niveles de Roundup menores a los máximos permitidos en la actualidad.

La polémica respecto al estudio de Séralini vino dada de otras observaciones, no previstas en el diseño inicial del estudio, que sugerían un aumento de la mortalidad y ciertos tipos de tumores como consecuencia de la exposición. El estudio no afirmaba que el Roundup o el maíz NK603 provocasen cáncer, ya que esto requeriría un ensayo con un diseño diferente: los ensayos de toxicidad, como el que Séralini llevó a cabo, requieren según la OCDE un diseño distinto a los ensayos de carcinogenicidad. Sin embargo, siguiendo también las directrices de la OCDE, informaba de estas observaciones imprevistas. Este estudio a largo plazo aún no se ha repetido utilizando un diseño específico para detectar carcinogénesis, para así poder confirmar si estas observaciones iniciales resultan relevantes o no.

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Mito 3.1: los alimentos MG son segurosMito 3.2: El estudio de Séralini (2012) era mala ciencia, por lo que del mismo no puede extraerse ninguna conclusión.Mito 3.3: Numerosos estudios a largo plazo demuestran que la ingeniería genética es segura

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