Mito 3.9: La posibilidad de que los alimentos MG puedan provocar reacciones alérgicas ha sido evaluada rigurosamente

Mito: La posibilidad de que los alimentos MG puedan provocar reacciones alérgicas ha sido evaluada rigurosamente

Realidad: No se realiza una evaluación concienzuda del potencial alergénico de los alimentos MG

El mito en unas líneas: 

Se nos dice que no es más probable que los alimentos MG provoquen reacciones alérgicas que los que no han sido modificados genéticamente, y que su potencial alergénico ha sido evaluado exhaustivamente. Pero esto es falso. La ingeniería genética puede crear proteínas nuevas que no tienen un historial de seguridad en la alimentación, aumentando su potencial para provocar reacciones alérgicas.

La inexistencia de métodos fiables para probar la alergenicidad de un producto y la falta de rigor de las evaluaciones de alergenicidad actuales significan que resulta imposible predecir de forma fiable si un OMG será o no alergénico.

Si un OMG resultase alergénico sería casi imposible descubrirlo, puesto que no se lleva a cabo ningún seguimiento post-comercialización de sus efectos sobre la salud en ningún lugar del mundo.

Una mayoría de las alergias a los alimentos son provocadas por una reacción a una proteína presente en el alimento. El ADN de los organismos contiene instrucciones para fabricar las proteínas. La ingeniería genética cambia el ADN de una planta con destino alimentario, y el ADN modificado puede a su vez crear nuevas proteínas. Los alimentos MG podrían generar nuevas alergias por dos vías: las nuevas proteínas podrían provocar reacciones alérgicas (ser alérgenos), o podrían sensibilizar a las personas a proteínas ya existentes en los alimentos.

La página web GMO Compass, gestionada por la firma de relaciones públicas GmBH, afirma que las plantas MG no suponen mayores riesgos que las nuevas variedades de cultivos obtenidas mediante mejora vegetal convencional, o la importación de nuevos alimentos exóticos, que pueden llevar asimismo a la aparición de nuevos alérgenos en la dieta.[1]

Pero algunos científicos independientes están en desacuerdo. Una revisión de 2003 afirma que la ingeniería genética tiene “un potencial mayor de introducir nuevas proteínas en el suministro alimentario” y aumentar la probabilidad de reacciones alérgicas, comparada con la mejora vegetal convencional.

Un estudio realizado con seres humanos confirmó el potencial de la ingeniería genética para crear proteínas nuevas y potencialmente alergénicas. En uno de los participantes en el experimento se observó una respuesta inmunitaria a la soja MG, pero no a la soja convencional. Se descubrió que la soja MG contenía al menos una proteína diferente del perfil de proteínas presentes en la variedad no modificada genéticamente (no-MG).[3] Este estudio no demostró que la soja MG sea más alergénica que la soja convencional, pero sí puso en evidencia que un alimento MG puede provocar una reacción alérgica imprevista en una persona que no es alérgica a dicho alimento en su versión no-MG.

El sistema de la UE para evaluar la alergenicidad de los alimentos MG

Según la normativa europea, el potencial alergénico de los alimentos MG debe ser evaluado antes de dar luz verde a su entrada en los mercados. Los defensores de la ingeniería genética afirman que es probable que estas comprobaciones regulatorias detecten cualquier alimento MG potencialmente alergénico. La página web de GMO Compass califica de “rigurosas” estas evaluaciones y añade, “si se detecta que una planta MG contiene un compuesto que podría ser un alérgeno, sus posibilidades de ser aprobada en la UE son de escasas a inexistentes”.[1]

Pero en realidad el proceso de autorización europeo, aunque más severo que el de EEUU, no tiene un sistema riguroso de evaluación del potencial alergénico de los alimentos MG. Esto se debe en gran medida a que no se han desarrollado pruebas científicas fiables para predecir la alergenicidad de un producto.

El proceso utilizado por las autoridades reguladoras europeas para evaluar la alergenicidad de los alimentos MG[14] está basado en un sistema propuesto en 2001 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). En realidad este sistema fue diseñado por dos grupos financiados por la industria de la ingeniería genética, el International Life Sciences Institute (ILSI) y el International Food Biotechnology Council (IFBC), como la FAO y la OMS aseveran sin reservas.

El proceso empieza por comparar la proteína que la planta MG ha sido diseñada para producir, con proteínas alergénicas conocidas. Dependiendo de los resultados de esta evaluación inicial, la investigación puede continuar, pudiendo incluir:

  • Pruebas para comprobar si la nueva proteína reacciona con el suero sanguíneo de individuos sensibilizados.

  • Pruebas en estómagos artificiales para ver si la proteína se descompone con facilidad. Caso de que esto ocurra, se considera improbable que constituya un alérgeno.

  • Ensayos de alimentación animal.[1]

Por qué es ineficaz el proceso de evaluación de alergenicidad

Es improbable que la evaluación de alergenicidad de la UE prediga de forma fiable si un alimento MG provocará reacciones alérgicas.

La principal razón para ello es que la proteína nueva evaluada en el proceso de autorización normalmente no es la expresada en la planta MG. En su lugar, se examina lo que se conoce como una proteína subrogada. Esta proteína subrogada se aísla a partir de fuentes como bacterias E. coli MG o, en ocasiones, a partir de una planta diferente.[6] Esto es científicamente injustificable, porque la proteína puede cambiar a consecuencia del proceso de modificación mediante ingeniería genética y dependiendo en qué organismo se exprese, como en el caso del maíz Starlink (Mito 3.7).

Es decir, el mismo gen MG incorporado a una planta MG y a una bacteria E. coli puede producir proteínas que pueden tener efectos muy diferentes en las personas y los animales que las ingieren. Las plantas y las bacterias procesan las proteínas sintetizadas de forma diferente. La proteína de la planta MG experimentará un proceso conocido como “modificación pos-traduccional”, que hará que posea moléculas adicionales de glúcidos (glicosilación), de manera que aunque las secuencias de aminoácidos de las proteínas de la planta MG y de la bacteria E. coli MG sean idénticas, sus funciones y su potencial alergénico podrían ser muy diferentes.

Algunas de las razones que hacen que el árbol de decisión utilizado como modelo para la predicción de alergenicidad resulte insatisfactorio serían:

  • La comparación de la nueva proteína del alimento MG con la base de datos de alérgenos conocidos no permitirá detectar nuevos alérgenos.

  • Las pruebas de suero sanguíneo son problemáticas, porque la sensibilización alergénica es un proceso específico para cada alérgeno, de manera que a no ser que la proteína transgénica expresada en el alimento MG ya sea un alérgeno común, es improbable que haya una sola persona sensibilizada en todo el mundo cuyo suero sanguíneo reaccione a la misma.[2]

  • Las pruebas de suero sanguíneo no resultan útiles para detectar alérgenos poco habituales -sustancias a las que muy pocas personas son alérgicas-, dado que es improbable que las muestras de suero provengan de este grupo minoritario.

  • Un fenómeno denominado reactividad cruzada puede hacer difícil identificar en las pruebas de suero sanguíneo qué proteína concreta de varias es el alérgeno.[2]

  • Las pruebas con estómagos artificiales realizadas para respaldar una solicitud de autorización se llevan a cabo en condiciones poco realistas. Los niveles de acidez y de presencia de enzimas digestivas son mucho más elevados de los que se darían en los sistemas digestivos de las personas que consumirían el alimento MG. Ello supone que es probable que la nueva proteína MG se descomponga en fragmentos demasiado pequeños para constituir alérgenos potentes. Sin embargo, en la vida real la acidez y la presencia de enzimas digestivas en los estómagos de las personas varía dependiendo de la edad, del estado de salud, del tiempo transcurrido desde que comieron su última comida y de otros factores. Un estudio reveló que en las condiciones estándar utilizadas en las pruebas en estómagos artificiales, una de las proteínas insecticidas presentes habitualmente en los cultivos transgénicos Bt se descomponía. Pero cuando los investigadores ajustaban la acidez y la presencia de enzimas a niveles más realistas, la proteína insecticida era muy resistente a la descomposición. Los autores reclamaron que las pruebas realizadas para respaldar una solicitud de autorización se realizaran en condiciones “más relevantes fisiológicamente” de menor acidez y presencia de enzimas.[7]

Según una revisión, la evaluación de alergenicidad podría resultar útil para valorar alimentos MG que contengan una proteína alergénica conocida, pero evaluar proteínas cuya alergenicidad es desconocida es “más problemático” y “se desconoce el valor predictivo de dicha evaluación”.[2] Otra revisión coincidía en que las pruebas estándar “no siempre son concluyentes”, especialmente cuando el organismo del que procede el gen MG no tiene un historial de consumo en la dieta o tiene una alergenicidad desconocida.[8]

El sistema actual de evaluación de alergias no es fiable porque depende enormemente de ensayos in vitro (experimentos de laboratorio en sistemas que no están vivos, como las pruebas de suero sanguíneo y en estómagos artificiales). Sin embargo, lamentablemente no existe todavía una alternativa eficaz. Las pruebas in vivo (ensayos en organismos vivos, bien sea animales o seres humanos) son útiles para detectar efectos nutricionales o toxicológicos de los alimentos, pero todavía no se han desarrollado métodos fiables de ensayo en animales para las pruebas de alergenicidad de los alimentos.[9],[2],[8],[10]

El principal problema es que los sistemas inmunitarios del ser humano y de los animales son diferentes, por lo que resulta difícil predecir la alergenicidad humana a partir de respuestas animales. La evaluación más fiable de alergenicidad de un alimento MG sería someter a prueba el alimento en un grupo muy numeroso de personas voluntarias (unas 5.000) antes de su comercialización. El elevado número de personas evitaría falsos negativos en los resultados (casos donde existe un efecto alergénico pero no se detecta debido a que participa en el ensayo un número insuficiente de personas) y los dotaría de peso estadístico.

A falta de ensayos pre-comercialización con seres humanos, el único enfoque fiable actualmente para evaluar la alergenicidad de los OMG sería un seguimiento post-comercialización. Para ello, los consumidores deberían estar informados con claridad sobre cuando ingieren un nuevo OMG, y se les pediría que informasen de cualquier efecto adverso a autoridades designadas para ello.

Este tipo de evaluación post-comercialización no es exigida en ningún país. En países como EEUU y Canadá, donde los alimentos MG no se etiquetan, la probabilidad de que un problema de alergenicidad se asocie a un OMG es extremadamente baja, a no ser que provoque una reacción alérgica aguda en un porcentaje elevado de la población.

Existe una asociación más que casual entre los alimentos MG y efectos adversos para la salud. Aplicando los Criterios de Hill, existe una causalidad en lo que se refiere a fuerza de la asociación, coherencia, especificidad, gradiente biológico y plausabilidad biológica. La fuerza de la asociación y coherencia entre alimentos MG y enfermedad ha sido confirmada en varios ensayos en animales... En multitud de estudios animales se observan una disregulación inmunitaria significativa, incluyendo un aumento de la producción de citocinas [moléculas proteicas implicadas en la respuesta inmunitaria] asociado al asma, procesos alérgicos e inflamación ".

-American Academy of Environmental Medicine[11]

Algunos estudios sobre alimentos MG confirman que las evaluaciones actuales de su potencial alergénico son inadecuadas

Algunos estudios sobre alimentos MG confirman que las evaluaciones actuales para detectar nuevos alérgenos creados por el proceso de ingeniería genética son inadecuadas.

En un ensayo con ratones alimentados con guisantes MG que contenían una proteína insecticida procedente de una alubia, se observaron reacciones inmunitarias de creación de anticuerpos y respuestas inflamatorias de tipo alérgico a la proteína MG y a la proteína de la clara de huevo cuando ésta era administrada con los guisantes MG.[12]

No se observaron en los ratones reacciones inmunitarias de creación de anticuerpos ni respuestas inflamatorias de tipo alérgico a las alubias que contienen de forma natural la proteína insecticida, ni a la clara de huevo administrada con la proteína insecticida natural obtenida a partir de las alubias. Los ratones tampoco presentaban una respuesta inmunitaria a la clara de huevo administrada por si sola.[12]

Estos resultados demuestran que la proteína MG insecticida hizo a los ratones más propensos a desarrollar reacciones inflamatorias de tipo alérgico a los alimentos ingeridos con el alimento MG. Esto se denomina activación inmunológica cruzada.

Los resultados indicaban que la reacción de los ratones a los guisantes MG era provocada por cambios producidos por el proceso de ingeniería genética. La estructura y/o la función de la proteína insecticida producida de forma natural en las alubias, normalmente no inmunogénica y no alergénica, había sido alterada al ser incorporada a los guisantes mediante ingeniería genética, en particular en cuanto se refiere a la adición de moléculas de azúcar a la proteína (glicosilación) en los procesos de modificación pos-traduccionales, y se había convertido en un potente inmunógeno (sustancia que provoca una respuesta inmunitaria) y alérgeno.[12]

Este ensayo no formaba parte del proceso de autorización de un cultivo MG, y la regulación no exige pruebas de este tipo en la evaluación de los alimentos MG. Es probable que la alergenicidad de los guisantes MG no hubiera sido detectada en el proceso de evaluación de la UE, porque la versión natural no-MG de la proteína insecticida de la alubia no es un alérgeno conocido. Debido a ello, no hubiera estado disponible suero de individuos sensibilizados a la proteína para las pruebas exigidas en el proceso de autorización.

En conjunto, el estudio demuestra que los alimentos MG pueden contener nuevos alérgenos y provocar nuevas reacciones alérgicas -y que aplicando el proceso de evaluación de alergias actual resulta improbable que se detecte la alergenicidad de los OMG.

Otros estudios confirman lo inadecuado que es el proceso actual de evaluación de alergias:

  • Un estudio de un maíz insecticida MG comercializado, el MON810, reveló que las proteínas de la planta transgénica presentaban alteraciones notables comparadas con las de su equivalente no-MG. Entre los cambios imprevistos cabe citar la aparición de una nueva forma de zeína, un alérgeno conocido, que no estaba presente en la variedad de maíz no-MG. Además, una serie de proteínas estaban presentes tanto en su versión natural como en formas truncadas y de menor peso molecular.[13] Estos resultados sugieren alteraciones importantes en la estructura y función de los genes de este cultivo MG. La evaluación de la UE del potencial alergénico del maíz no detectó estos cambios, ni tampoco la presencia del alérgeno de nueva creación.

  • Una variedad MG de soja a la que se había incorporado un gen de la nuez de Brasil resultó que podía provocar reacciones alérgicas en personas alérgicas a esta nuez. Los investigadores habían incorporado a la soja mediante ingeniería genética un gen de la nuez de Brasil para incrementar su valor nutritivo. Cuando probaron el efecto de esta soja MG en suero sanguíneo de personas alérgicas a las nueces de Brasil, observaron que se producía una respuesta alérgica a la soja. Mediante pruebas cutáneas confirmaron que las personas alérgicas a las nueces de Brasil presentaban alergia a la soja modificada.[14] Es frecuente que los defensores de la ingeniería genética citen este estudio como evidencia de la eficacia de los procesos de evaluación de OMG en la detección de alimentos alergénicos antes de que éstos salgan al mercado. Pero esto es falso. Como en el estudio de los guisantes MG,[12] este ensayo no era una prueba realizada en el marco de un proceso de autorización de un OMG y no se exigen pruebas de este tipo para la evaluación de alimentos MG en ningún país.

Conclusión: 

La inexistencia de métodos fiables para poner a prueba la alergenicidad de un producto y la falta de rigor en las actuales evaluaciones de alergia significan que es imposible predecir de forma fiable si un OMG será alergénico o no. Si un OMG resultase alergénico, sería casi imposible descubrirlo, puesto que no se realiza ningún seguimiento post-comercialización en ningún lugar del mundo.

Referencias: 

1. GMO Compass. The allergy check. 2006. Disponible en: http://bit.ly/LWmnNR.

2. Bernstein JA, Bernstein IL, Bucchini L, et al. Clinical and laboratory investigation of allergy to genetically modified foods. Env Health Perspect. 2003;111:1114-21.

3. Yum HY, Lee SY, Lee KE, Sohn MH, Kim KE. Genetically modified and wild soybeans: an immunologic comparison. Allergy Asthma Proc. 2005;26:210-6.

4. European Food Safety Authority Panel on Genetically Modified Organisms (GMO). Guidance document for the risk assessment of genetically modified plants and derived food and feed. EFSA J. 2006;99:1–100.

5. Food and Agriculture Organization (FAO) and World Health Organization. Decision tree approach to the evaluation of the allergenicity of genetically modified foods. In: Evaluation of Allergenicity of Genetically Modified Foods: Report of a Joint FAO/WHO Expert Consultation on Allergenicity of Foods Derived from Biotechnology, 22–25 January 2001. Rome, Italy: Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO); 2001:5–15; 25–27.

6. Friends of the Earth. Could GM foods cause allergies? A critique of current allergenicity testing in the light of new research on transgenic peas. London, UK; 2006.

7. Guimaraes V, Drumare MF, Lereclus D, et al. In vitro digestion of Cry1Ab proteins and analysis of the impact on their immunoreactivity. J Agric Food Chem. 2010;58:3222-31. doi:10.1021/jf903189j.

8. Penninks AH, Knippels LM. Determination of protein allergenicity: studies in rats. Toxicol Lett. 2001;120:171-80.

9. Pusztai A, Bardocz S, Ewen SWB. Genetically modified foods: Potential human health effects. In: D’Mello JPF, ed. Food Safety: Contaminants and Toxins. Wallingford, Oxon: CABI Publishing; 2003:347–372. Disponible en: http://www.leopold.iastate.edu/sites/default/files/events/Chapter16.pdf.

10. Pusztai A. Genetically modified foods: Are they a risk to human/ animal health? Actionbioscience.org. http://www.actionbioscience.org/biotech/pusztai.html. Published June 2001.

11. American Academy of Environmental Medicine. Genetically modified foods. 2009. Disponible en: http://www.aaemonline.org/gmopost.html.

12. Prescott VE, Campbell PM, Moore A, et al. Transgenic expression of bean alpha-amylase inhibitor in peas results in altered structure and immunogenicity. J Agric Food Chem. 2005;53:9023–30. doi:10.1021/jf050594v.

13. Zolla L, Rinalducci S, Antonioli P, Righetti PG. Proteomics as a complementary tool for identifying unintended side effects occurring in transgenic maize seeds as a result of genetic modifications. J Proteome Res. 2008;7:1850-61. doi:10.1021/pr0705082.

14. Nordlee JA, Taylor SL, Townsend JA, Thomas LA, Bush RK. Identification of a Brazil-nut allergen in transgenic soybeans. N Engl J Med. 1996;334:688-92. doi:10.1056/NEJM199603143341103.

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