Mito 5.3: Los cultivos transgénicos Bt reducen el uso de insecticidas

Mito: Los cultivos transgénicos Bt reducen el uso de insecticidas

Realidad: Los cultivos transgénicos Bt cambian el modo de utilización de los insecticidas

El mito en unas líneas: 

Los defensores de los OMG mantienen que los cultivos Bt reducen el uso de insecticidas, ya que hacen que el agricultor no tenga que aplicarlos.

Sin embargo, esto no significa que los cultivos Bt reduzcan o eliminen el uso de insecticidas, sino que cambia el tipo de insecticida y su modo de aplicación - pasan de ser pulverizados a venir incorporados en el cultivo. La cantidad de toxina Bt expresada en la planta es, por lo general, mucho mayor que la cantidad de pesticida químico que deja de utilizarse.

El dato más optimista respecto a la reducción de pesticidas en cultivos transgénicos, procedente de una consultora del sector, es del 6.9% a nivel global. En contraste con esta pequeña reducción, el uso de herbicidas en Francia había disminuido en 2009 hasta un 82% de los niveles de 1995, y el uso de insecticida hasta un 12%, mostrando una tendencia similar a la observada en Alemania o Suiza, en todos los casos sin la utilización de cultivos transgénicos.

Lejos de ser insecticidas seguros, las toxinas expresadas por los cultivos Bt dañan a insectos beneficiosos y distintos del insecto objetivo. En el caso de cultivos transgénicos con rasgos combinados, como es el caso del maíz SmartStax, no se han realizado los análisis pertinentes para determinar si los altos niveles de toxina Bt que contienen los hacen aptos para el consumo.

Las plagas están evolucionando rápidamente, desarrollando resistencias para las toxinas Bt presentes en los cultivos Bt. Incluso en los casos en los que la toxina resulta efectiva para eliminar la plaga objetivo, otras plagas secundarias que no pueden controlarse utilizando las toxinas Bt pasan a ocupar el nicho ecológico de la plaga inicial. Ambas dinámicas están provocando irremediablemente un regreso a los insecticidas químicos.

Los intentos de retrasar la aparición de resistencias a los cultivos Bt mediante la plantación de refugios de cultivos no-Bt no han funcionado del todo, por una parte porque no se han puesto en práctica las recomendaciones sobre refugios y por otra porque dichos refugios no han tenido el efecto esperado.

No se puede medir el uso de insecticidas únicamente por la cantidad de insecticida pulverizado sobre el cultivo. Es cada vez más frecuente que el insecticida sea aplicado a las semillas de forma previa a la plantación, así como al suelo.

Al evaluar el impacto de los cultivos transgénicos sobre el uso de insecticidas, es más útil utilizar como referencia los cultivos ecológicos o que sigan un método de control integrado de plagas, que reduce o elimina el uso de insecticidas.

Los defensores de los OMG mantienen que los cultivos Bt reducen el uso de insecticidas, ya que hacen que el agricultor no tenga que aplicarlos. Sin embargo, esta afirmación no resulta convincente, por varias razones. La primera y más importante es que el transgén Bt convierte a la planta en sí en un insecticida. La forma activa del insecticida está presente en todas las partes de la planta, incluidas las partes consumidas por personas y animales. Por tanto, los cultivos Bt no reducen ni eliminan los insecticidas, sino que cambian el tipo de insecticida y su modo de aplicación - pasan de ser pulverizados a venir incorporados en el cultivo.

Es más, la cantidad de insecticida producida por la planta es en muchos casos muy superior a la cantidad de pesticida químico que deja de utilizarse. Esta afirmación se ve confirmada por los datos recogidos por el agrónomo Dr Charles Benbrook a partir de los documentos aportados a las autoridades por las propias empresas sobre los niveles de expresión de la toxina en las plantas MG Bt.[1] A continuación se exponen algunos de los hallazgos de Benbrook.

Maíz Bt contra el taladro del maíz

Los eventos de maíz Bt contra el taladro del maíz europeo (ECB) producen casi tanta o más toxina por hectárea como la que se aplica de media para el control del ECB en una hectárea de maíz no-Bt utilizando insecticidas químicos (unos 0.15 kgs de insecticida por hectárea; 0.13 libras/acre en 2010):

  • MON810 produce 0.2 kg/ha de toxina Bt

  • Bt11 produce 0.28 kg/ha

  • MON 89034 produce dos toxinas proteicas Bt, sumando entre las dos 0.62 kg/ha

  • TC1507 es el que menos toxina Bt produce - 0.1 kg/ha.[1]

Maíz Bt contra el gusano de la raíz del maíz

En todos los casos, las variedades de maíz Bt contra el gusano de la raíz del maíz (CRW) cultivadas recientemente expresan volúmenes significativamente mayores de toxina Bt que los aproximadamente 0.2 kg de insecticida que se aplican de media por hectárea para su control (0.19 libras/acre):

  • MON88017 expresa 0.62 kg/ha de toxina Bt

  • DAS 59122-7 expresa dos toxinas Bt, que producen un total de 2.8 kg/ha, catorce veces más que los insecticidas químicos a los que desplazan.

Maíz SmartStax

El maíz transgénico SmartStax sintetiza seis toxinas proteicas Bt, tres contra el ECB y tres contra el CRW. Se estima que produce un total de 4.2 kg/ha de toxina Bt (3.7 libras/acre), lo que supone multiplicar por 19 la tasa media de aplicación de insecticidas de 2010.[1]

No se ha estudiado si estos niveles tan altos de toxina expresados en plantas transgénicas son aptas para el consumo a largo plazo en animales o humanos.

Quienes afirman que los cultivos Bt reducen o eliminan los insecticidas ignoran sistemáticamente el papel del pesticida producido por la propia planta.

Reducción poco espectacular del uso de insecticidas químicos en cultivos Bt

Dejemos de lado por un momento el hecho de que los cultivos Bt producen por lo general más insecticida que las pulverizaciones químicas a las que desplazan, y consideremos únicamente la supuesta reducción en la aplicación de insecticidas debida a la utilización de cultivos Bt.

Esta reducción se basa en la suposición de que los agricultores que plantan cultivos Bt no utilizan además insecticidas químicos. Incluso aunque esto fuera verdad, la reducción consiguiente en el uso de insecticidas químicos debido a los cultivos Bt sería de unos discretos 56 millones de kilogramos (123 millones de libras) durante los primeros dieciséis años de utilización de cultivos transgénicos en EEUU.[1]

Esta pequeña reducción se ve arrollada por el espectacular aumento de 183 millones de kilogramos que se estima ha supuesto la adopción de cultivos transgénicos tolerantes a herbicidas. Esto supone que el uso total de pesticidas ha aumentado en un 7% como consecuencia de la introducción de cultivos MG.[1]

Incluso la modesta bajada en el uso de insecticidas químicos atribuída a los cultivos transgénicos ha probado ser meramente temporal e insostenible, dada la aparición de plagas resistentes a la toxina Bt (ver más abajo).

Es más, existe la duda de si se puede atribuir cualquier tipo de reducción del uso de insecticidas químicos a los cultivos Bt, teniendo en cuenta que la mayoría de semilla de maíz - Bt y no Bt - se impregna hoy en día en pesticidas neonicotinoides tóxicos (ver más abajo) y que los agricultores que se enfrentan a plagas resistentes a las toxinas Bt están regresando a la utilización de nocivos insecticidas de aplicación directa sobre el terreno.

Cálculo del uso de pesticidas

En su artículo de 2012 citado anteriormente, Benbrook calculó que el uso total de pesticidas (incluidos herbicidas) había aumentado un 7% en EEUU debido a la introducción de cultivos transgénicos.

El dato más optimista respecto a la reducción de pesticidas en cultivos transgénicos, en un artículo de 2006 escrito por una empresa consultora para la industria MG, PG Economics, y basado en "datos de impacto a nivel de explotación" procedentes de fuentes anónimas, es del 6.9% a nivel global.[4]

En contraste con esta ligera (e invalidada) reducción, en 2007 Francia había reducido su uso tanto de herbicidas (a un 94% de los niveles de 1995) como de insecticidas químicos (hasta un 24% de los niveles de 1995). En 2009, el uso de herbicidas se había reducido hasta un 82% y el de insecticidas hasta un 12% de los niveles de 1995, mostrando una tendencia similar a la observada en Alemania o Suiza, en todos los casos sin la utilización de cultivos transgénicos.[5]

Estas mejoras no tienen por qué suponer una caída significativa de la producción o los ingresos de los agricultores. Un estudio de 2011 realizado por científicos del gobierno francés concluía que el uso de pesticidas podría reducirse un 30% mediante la adopción de técnicas de agricultura integrada, suponiendo tan sólo pequeñas reducciones en la producción (96,3% de los niveles actuales) y sin ningún impacto sobre los ingresos de la explotación.[6] En este estudio, los cultivos transgénicos no formaban parte de la ecuación.

Las plagas resistentes están dejando obsoleta la tecnología Bt.

Las plagas de insectos desarrollan rápidamente tolerancia a los pesticidas, sobre todo si se encuentran en continua exposición a este. La toxina Bt introducida en los cultivos transgénicos Bt no supone una excepción. Estos cultios expresan la toxina Bt en todas sus células durante todo su ciclo de vida, exponiendo a las plagas a la toxina de forma constante. Esto difiere del uso tradicional del Bt natural como spray, en el que las plagas objetivo sólo se ven expuestas durante un breve período antes de que el Bt se descomponga por acción de la luz solar, y la toxina sólo se activa al ser ingerida por el insecto.

Al exponer a las plagas a un pesticida durante largos períodos de tiempo, se acelera inevitablemente el proceso de emergencia de plagas capaces de sobrevivir a éste, ya que la presión selectiva elimina a todos salvo a los más resistentes, que pasan a reproducirse y transferir a la descendencia sus genes de resistencia.

Es por esto que la tecnología Bt muestra en ocasiones un éxito a corto plazo en el control de plagas, para verse arrollada seguidamente por la aparición de poblaciones resistentes a la toxina.[7 8 9] En 2011 se publicó un artículo que mostraba que, en algunas áreas de EEUU, existían gusanos de la raíz del maíz resistentes a dos de las tres toxinas Bt disponibles que se habían utilizado para controlarlos. Las explotaciones del cinturón del maíz estaban soportando daños muy serios.[10 11] Las poblaciones de gusano de la raíz resistentes a Bt se han encontrado en Iowa[10 12] e Illinois.[13 14]

El entomólogo Elson Shields de la Universidad de Cornell comentó, sobre la evolución de plagas resistentes a la toxina Bt en plantas transgénicas, "El insecto va a ganar. Si el rasgo no se despliega de forma inteligente, el insecto siempre tiene las de ganar."[11]

Recomendaciones sobre refugios ignoradas

Al decir "si el rasgo no se despliega de forma inteligente", Shields se refería al concepto del refugio. Desde el momento en que se introdujo la ingeniería genética agrícola, la comunidad científica e incluso la EPA de EEUU recomendaron a los agricultores que plantaran "refugios" de cultivos no-Bt junto a los cultivos Bt como estrategia de control de las resistencias, para retrasar la aparición de plagas resistentes al Bt.

La idea era que los cultivos no-Bt actuaran como un refugio en el que las plagas susceptibles a la toxina pudieran sobrevivir, asegurando la existencia de una población de plagas susceptibles que pudieran cruzarse con los individuos resistentes que sobrevivieran en la parcela adyacente, en la que se encuentra el cultivo Bt. Se suponía que la población de la plaga susceptible al Bt diluiría a la población resistente que sobrevive en el cultivo transgénico, asegurando que la población predominante fuera susceptible al Bt.

Sin embargo, fue la propia EPA quien suavizó estas recomendaciones, ya que empezó defendiendo un 50% de proporción de refugios pero terminó aceptando refugios voluntarios del 20%. Incluso estos, en la práctica, fueron ignorados ampliamente.[11 3] Como consecuencia, la resistencia al Bt se ha extendido ampliamente en el gusano de la raíz del maíz.

Descomposición del concepto de refugio

Los refugios podrían ser menos efectivos de lo que se creía. Un estudio sobre las resistencias del gusano de la raíz concluía que los refugios resultaban redundantes en el caso de poblaciones con una presencia sustancial de la resistencia al Bt, ya que la plaga podía sobrevivir y reproducirse en las parcelas de maíz Bt. El estudio concluía que "Incluso implantándose planes de control de las resistencias, depender exclusivamente de los cultivos Bt para la gestión de las plagas agrícolas acelerará probablemente la evolución de las resistencias en algunos casos."[10]

Además, la efectividad de los refugios depende de que los cultivos Bt expresen dosis de la toxina lo suficientemente altas para eliminar la plaga, y de que los refugios no-Bt permanezcan libres de los genes Bt de expresión de la toxina. Sin embargo, se ha observado que la polinización cruzada entre el maíz Bt y el maíz no-Bt ocasiona la producción de niveles "de bajos a moderados" de toxina Bt en las plantas refugio,[15] disminuyendo la efectividad de estos.

Los cultivos Bt suponen todo lo contrario al control integrado de plagas

El control integrado de plagas (CIP) plantea una perspectiva respetada y eficaz para minimizar el uso de pesticidas. Es ampliamente utilizado por agricultores que no están preparados para abandonar por completo el uso de pesticidas.

Un principio esencial del CIP es evitar la evolución de plagas resistentes a insecticidas. La resistencia viene dada por la exposición continua al pesticida. Sólo las plagas que sobrevivan a la exposición terminarán por reproducirse y transmitir sus genes, lo que llevará a la rápida aparición de una población resistente. El CIP exige limitar la aplicación de pesticidas a los casos en que se necesita - cuando la infestación ha alcanzado un punto crítico de daños para la planta. De esta forma, no se da a la plaga la oportunidad de volverse resistente y se conserva la efectividad del pesticida.

Los cultivos Bt, con pesticida en forma activa permanentemente presente en cada célula de la planta, son incompatibles con la perspectiva del CIP.

Los cultivos Bt dañan a los enemigos naturales de las plagas

El uso indiscriminado de insecticidas no sólo elimina las plagas, sino también a los enemigos naturales de las plagas, los depredadores beneficiosos. Las plagas son por lo general mucho más resilientes que sus depredadores y se recuperan de las aplicaciones de insecticida más rápidamente. Es por esto que la aplicación de insecticidas, aunque efectiva a corto plazo, conduce a explosiones repentinas de las poblaciones de plagas, ya que se elimina el control por parte de sus enemigos naturales.

Este proceso ha sido claramente documentado por el Profesor Robert van den Bosch de la Universidad de California, uno de los desarrolladores de la gestión integrada de plagas, en su libro "La Conspiración de los Pesticidas". Van den Bosch concluye que los pesticidas no controlan las plagas, sino que las crean.

Los cultivos Bt no son una excepción a esta regla. Al contrario de lo que afirman los defensores de los OMG, los pesticidas incorporados en los cultivos Bt no están restringidos a los insectos plaga, sino que también afectan a los depredadores beneficiosos (ver Mito 5.4). Por ejemplo, los gusanos de la raíz eliminados por las toxinas que producen los transgénicos Bt son escarabajos, y están relacionados con muchos insectos beneficiosos, como las mariquitas, que pueden convertirse por tanto en un daño colateral.[3 17] En 2012, un grupo de investigadores de la Universidad de Cornell observó que la toxina Bt contra el gusano de la raíz estaba probablemente dañando a varias especies importantes de escarabajos beneficiosos en cultivos de maíz transgénico.[18] Se ha confirmado que las toxinas Bt dañan a las mariquitas.[17]

La destrucción de los insectos depredadores de plagas, combinado con el aumento de las resistencias a las toxinas Bt en las plagas en sí, tendrá como resultado una proliferación de las plagas. Esto permite a su vez a las empresas productoras de semillas OMG vender nuevos OMG pesticidas con sus correspondientes productos químicos.

Las plagas secundarias se desplazan a los cultivos transgénicos Bt

La naturaleza aborrece el vacío. Así que incluso en los casos en que la toxina Bt termina por controlar la plaga objetivo, las plagas secundarias se desplazan para ocupar su nicho ecológico. Por ejemplo, en EEUU, el gusano cortador ha aumentado significativamente en las parcelas de maíz Bt.[19] En China y la India, el algodón Bt resultaba inicialmente efectivo para la eliminación de su plaga objetivo, el gusano del algodón. Pero las plagas secundarias resistentes a la toxina Bt, en especial los míridos y las cochinillas, ocuparon rápidamente su lugar.[20 21 22 23 24 25]

Dos estudios chinos muestran que el algodón transgénico Bt ya está cayendo bajo el ataque de las plagas secundarias:

  • Un estudio que incluía 1000 explotaciones familiares en cinco provincias señalaba que los agricultores habían notado un aumento sustancial de la presencia de plagas secundarias tras la introducción del algodón Bt. Los investigadores observaron que la reducción inicial en el uso de pesticidas en las variedades de algodón Bt era "significativamente menor que la que se había registrado en otros lugares" y que "con el tiempo se necesitaban más aplicaciones de pesticidas para controlar la aparición de plagas secundarias" como áfidos, araña roja y chinches. Además, una cuarta parte de los agricultores opinaban que el algodón Bt producía menos que las variedades no transgénicas. Cerca del 60% declararon que los costes totales de producción no habían disminuido, dado al mayor precio de la semilla de algodón Bt.[26]

  • Los ensayos en campo llevados a cabo durante más de diez años en el norte de China muestran que las poblaciones de míridos han aumentado en el algodón y muchos otros cultivos, de forma proporcional al aumento regional de la adopción del algodón Bt. Los análisis de los investigadores muestran que "el algodón Bt se ha convertido en una fuente de aparición de míridos y sus aumentos de población están relacionados con la caída en el uso de insecticidas [químicos] en este cultivo". Los ataques de míridos en otros cultivos (dátil chino, uva, manzana, melocotón y pera) aumentaron también en proporción al área cultivada con algodón Bt en la región.

¿Han disminuido los cultivos transgénicos Bt las defensas frente a las plagas no-objetivo?

La vulnerabilidad de las plantas transgénicas frente a plagas secundarias puede explicarse mediante los datos obtenidos por un estudio que examinaba los ataques de áfidos en el algodón Bt. Este estudio observaba que las plagas de áfidos eran más frecuentes en el algodón Bt que en el no-Bt. Los autores sugirieron que esto podría deberse a la menor presencia en las plantas de algodón Bt de ciertas sustancias protectoras que las plantas de algodón no-Bt producen para defenderse contra distintos tipos de plagas. Esto habría vuelto a las plantas Bt más vulnerables frente a plagas secundarias como los áfidos, que no se ven afectadas por la toxina Bt del cultivo.[28]

Los productores de algodón transgénico Bt no siempre abandonan el uso de insecticidas

Los defensores de los OMG a menudo dan por hecho que los agricultores que adoptan los cultivos Bt abandonan el uso de insecticidas químicos - pero esto no es necesariamente así. Tabashnik (2008) observó que aunque el gusano del algodón se ha vuelto resistente a un tipo de toxina Bt del algodón transgénico, esto no ha supuesto una pérdida generalizada de las cosechas debido a que "se han utilizado insecticidas desde el principio" para controlar la plaga.[9] Por tanto, las afirmaciones sobre la reducción del uso de insecticidas a partir de la adopción de cultivos Bt no son de fiar salvo que haya pruebas de que el agricultor no utiliza insecticidas químicos.

Es más, la mayoría de cultivos Bt que se encuentran actualmente en comercialización o en vías de ser aprobados han añadido caracteres de tolerancia a herbicidas y por tanto al cultivarse es probable que se les apliquen herbicidas.[29] Tiene sentido que un científico independiente haya llamado a los cultivos transgénicos "plantas pesticidas".[30]

Insecticidas químicos ocultos en el maíz transgénico Bt

Los estudios que exponen reducciones en el uso de insecticidas debido al uso de cultivos Bt se centraron previamente en insecticidas que se aplican sobre el terreno o se pulverizan sobre la planta después de que esta haya comenzado a crecer. Es posible que se olviden de mencionar un tipo diferente de pesticidas, potencialmente perjudiciales para el medio ambiente: aquellos que se aplican a la semilla antes de la germinación.

Según un estudio llevado a cabo por entomólogos estadounidenses, todos los tipos de semilla de maíz Bt dirigidos contra el gusano de la raíz actualmente en comercialización se tratan antes de ser plantadas con los polémicos insecticidas químicos conocidos como neonicotinoides.[31]

En este caso, los cultivos Bt no han reducido o eliminado las pulverizaciones con insecticida químico, sino que simplemente han cambiado el tipo de insecticida utilizado. En lugar de aplicarse el insecticida a la planta durante su crecimiento, ahora se le aplican a la semilla antes de la siembra.

El Dr Doug Gurian-Sherman, investigador jefe de la Asociación de Científicos Preocupados, mencionó que los tratamientos neonicotinoides de la semilla de maíz pretenden eliminar aquellas plagas de insectos que no pueden ser adecuadamente controladas mediante las toxinas Bt. Irónicamente, antes de la introducción del maíz Bt, Gurian-Sherman dice que una cantidad significativa del maíz se cultivaba sin utilizar insecticidas. Por ejemplo, el maíz cultivado en rotación con soja año tras año solían necesitar poco o ningún tratamiento insecticida, y sólo un 5-10% del maíz se trataba contra el taladro.

Los neonicotinoides son insecticidas sistémicos, lo que significa que se difunden por todos los tejidos de la planta durante su crecimiento y también están presentes en su polen y néctar. Al igual que la toxina Bt introducida en las plantas transgénicas, los neonicotinoides se diferencian de los insecticidas pulverizados en que se encuentran presentes de forma persistente en la planta durante su crecimiento y siempre están activos. Debido a este largo período de exposición, es más probable que las plagas desarrollen resistencias contra ellos, y que los insectos beneficiosos y no-objetivo se vean a su vez expuestos.

Los neonicotinoides son tóxicos para una gran variedad de organismos beneficiosos, incluyendo algunos que ayudan a proteger los cultivos.[33 34] Presentan efectos altamente tóxicos incluso a dosis muy bajas cuando el tiempo de exposición es prolongado.[35] El aumento en el uso de tratamientos neonicotinoides en las semillas ha sido relacionado con la muerte masiva de abejas y el problema de colapso de colonias.[36 37] Las abejas que viven cerca de parcelas agrícolas se ven expuestas por múltiples vías, incluyendo la vegetación silvestre contaminada que crece cerca de las parcelas, y se han encontrado restos de neonicotinoides en abejas muertas.[37]

Además del uso de tratamientos insecticidas de las semillas, algunas empresas semilleras y productoras de pesticidas están recomendando regresar al uso de insecticidas aplicados sobre el terreno, en un intento de combatir la propagación de plagas resistentes a la toxina Bt en el maíz Bt.[1]

La principal - y aparentemente la única - preocupación de los defensores de la tecnología Bt es el volumen de insecticida que se aplica en forma de pulverizaciones tras la plantación. Si este volumen disminuye, consideran que los cultivos Bt reducen el uso de insecticidas. Pero no están contando la historia al completo. El caso de los tratamientos de semillas con neonicotinoides demuestra que es necesario considerar otros tipos de aplicaciones de insecticida, cómo de tóxicos son estos insecticidas (basándose en investigación revisada por pares, y no en datos de las propias empresas), cómo se comportan y permanecen en el medio, y la superficie sobre la que se aplican.[32]

Dada la extrema toxicidad de los neonicotinoides para las abejas y otros organismos beneficiosos, su alto nivel de persistencia y difusión,[37]y la gran superficie sobre la que se aplican, es cuestionable que la tecnología Bt haya tenido un efecto beneficioso sobre el uso de insecticidas.

Conclusión: 

Las afirmaciones de que los cultivos Bt reducen el uso de insecticidas no tienen en cuenta el hecho de que estos cultivos son en sí un insecticida. La cantidad de toxina Bt expresada en la planta es por lo general mucho mayor que la cantidad de pesticida químico que deja de utilizarse.

Lejos de ser insecticidas seguros, las toxinas Bt expresadas por los cultivos transgénicos Bt dañan a insectos beneficiosos y no-objetivo. En el caso de cultivos transgénicos con rasgos combinados, como el maíz SmartStax, no se han realizado los análisis pertinentes para determinar si los altos niveles de toxina Bt que contienen los hacen aptos para el consumo.

Las plagas están desarrollando rápidamente resistencias a las toxinas Bt de los cultivos Bt. Incluso en los casos en los que la toxina resulta efectiva para eliminar la plaga objetivo, otras plagas secundarias que no pueden controlarse utilizando las toxinas Bt pasan a ocupar el nicho ecológico de la plaga inicial. Ambas dinámicas están provocando irremediablemente un regreso a los insecticidas químicos.

Los intentos de retrasar la aparición de resistencias a los cultivos Bt mediante la plantación de refugios de cultivos no-Bt no han funcionado del todo, por una parte porque no se han puesto en práctica las recomendaciones sobre refugios y por otra porque dichos refugios no han tenido el efecto esperado.

No se puede medir el uso de insecticidas únicamente por la cantidad de insecticida pulverizado sobre el cultivo. Es cada vez más frecuente que el insecticida sea aplicado a las semillas de forma previa a la plantación, así como al suelo.

Al evaluar el impacto de los cultivos transgénicos sobre el uso de insecticidas, es más útil utilizar como referencia los cultivos ecológicos o que sigan un método de control integrado de plagas, que reduce o elimina el uso de insecticidas. Esto aclararía rápidamente qué prácticas agrícolas pueden ser más eficaces a la hora de reducir el uso de insecticidas y maximizar simultáneamente la producción y los ingresos de los agricultores.

Referencias: 

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3. Gurian-Sherman D. New science sounds the alarm about destructive beetles on GMO corn. Civil Eats. http://civileats.com/2014/03/20/new-science-sounds-the-alarm-about-destructive-beetles-on-gmo-corn/. Publicado el 20 de marzo de 2014.

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