Mito 5.14: Los cultivos transgénicos reducen el uso de energía

Mito: Los cultivos transgénicos reducen el uso de energía

Realidad: Los cultivos transgénicos son grandes consumidores de energía

El mito en unas líneas: 

La agricultura basada en agroquímicos es fuertemente dependiente de la energía procedente de combustibles fósiles, actualmente en declive. A pesar de las afirmaciones de que los cultivos modificados genéticamente (MG) reducirán el consumo de energía debido a su menor uso de pesticidas y labores mecánicas, lo cierto es que los cultivos MG han supuesto un aumento del uso de pesticidas y que la proliferación de “supermalezas” resistentes a herbicidas ha forzado a los agricultores a regresar al uso del arado y la aplicación de cantidades mayores de distintas mezclas de productos para la gestión de malas hierbas. Por tanto, los cultivos MG son grandes consumidores de energía.

Existen métodos de eficacia probada para la reducción de la cantidad de energía fósil utilizada en agricultura, como la minimización del uso de pesticidas y abonos sintéticos, el cultivo de leguminosas para favorecer la fijación de nitrógeno en el suelo, la utilización de técnicas agroecológicas para conservar la fertilidad y controlar las plagas, o la utilización de mano de obra humana en lugar de maquinaria petrodependiente.

En EEUU, distintos estudios llevados a cabo en explotaciones ecológicas de producción animal y de cultivo de leguminosas registraron reducciones en la necesidad de insumos energéticos de un 28 y un 32% respectivamente. Los sistemas agroecológicos, con baja utilización de insumos, se adaptan bien a las condiciones del Sur Global, llegando a doblarse el rendimiento, en un experimento, simplemente mediante la introducción de técnicas de compostaje.

En el sistema alimentario estadounidense, la producción de una kilocaloría de proteína vegetal requiere un insumo de 2,2 kilocalorías de energía fósil. La energía media necesaria para la producción de una kilocaloría de proteína animal es de 25 kilocalorías - más de 11 veces la que se necesita para producir proteínas procedentes de cereales o soja.[1 2] Los principales insumos energéticos para la producción de cereales, soja, verdura o forraje son los abonos, maquinaria agrícola, combustible, riego y pesticidas.[2]

Existe un acuerdo generalizado sobre la necesidad de reducir el consumo energético agrícola. Graham Brookes y Peter Barfoot, directores de PG Economics, una consultoría del sector agroquímico y biotecnológico, afirman que los cultivos MG pueden ayudar a alcanzar este objetivo.[3] Hay dos factores que citan como causa de su menor uso de combustible:

  • Menor necesidad de aplicación de herbicidas o insecticidas en los cultivos MG.

  • El método de siembra directa utilizado en combinación con los cultivos transgénicos Roundup Ready. Al controlarse las malas hierbas mediante herbicidas y no mediante laboreo, la siembra directa reduce el número de pases de tractor que necesita realizar el agricultor.[3]

Sin embargo, estas afirmaciones no resultan en absoluto convincentes. A pesar de que la siembra directa reduce la cantidad de combustible necesario, este ahorro se compensa con los combustibles fósiles necesarios para la producción de herbicidas. Los datos de Argentina que comparan el uso de energía en el cultivo de soja transgénica Roundup Ready con soja convencional confirman que, aunque la siembra directa sí que reduce las operaciones agrícolas necesarias (pases de tractor sobre el cultivo), la producción de soja transgénica requiere más energía en sistemas con o sin siembra directa, debido a la gran cantidad de energía necesaria para la producción de herbicidas (fundamentalmente Roundup) utilizados para el cultivo de soja transgénica.[4]

Además, los cultivos MG conducen a un aumento global del uso de pesticidas, y la incidencia de supermalezas resistentes a herbicidas está aumentando rápidamente. Ambas tendencias contradicen los argumentos sobre la utilidad de los cultivos tolerantes a herbicidas en sistemas de siembra directa (ver Mitos 5.2 y 5.5).

Existen métodos de eficacia probada para la reducción de la cantidad de energía fósil utilizada en agricultura, como la minimización del uso de pesticidas y abonos sintéticos, el cultivo de leguminosas para favorecer la fijación de nitrógeno en el suelo, el cambio de especies anuales por perennes, la limitación del riego, la utilización de técnicas agroecológicas para conservar la fertilidad y controlar las plagas, la sustitución de maquinaria petrodependiente por trabajo humano o animal, o el empleo de tecnologías destinadas al aprovechamiento de energías renovables.[5] La alimentación del ganado utilizando únicamente pastos de buena calidad en lugar de su estabulación intensiva reduce los insumos energéticos en torno a la mitad.[2]

Un estudio llevado a cabo en el Rodale Institute en EEUU demuestra que los insumos energéticos necesarios en sistemas ecológicos de producción animal y de leguminosas son un 28 y 32% menores, respectivamente, que los de un sistema convencional basado en el uso de productos químicos.[6]

Los sistemas agroecológicos, con baja utilización de insumos, se adaptan bien a las condiciones del Sur Global. Un estudio llevado a cabo en Etiopía, financiado en parte por la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU (FAO), investigaba el efecto sobre el rendimiento de siete especies de cereales y dos de leguminosas de la utilización de tres sistemas de fertilización diferentes: compost, abono químico y un sistema control sin insumos.[7]

El estudio demuestra que la aplicación de compost duplicaba la producción de grano en ocho de las nueve especies analizadas, en comparación con el sistema control sin insumos. El uso de compost también permitía obtener una producción mayor que el de abono químico, aunque las diferencias en el rendimiento no eran tan grandes como entre el que utilizaba compost y el sistema control. En el caso del sorgo y el haba, la producción era similar al utilizar compost o abono químico, pero en todo el resto de especies hubo una diferencia mayor, siendo la producción siempre superior en el caso del compost que en el del abono químico.[7]

Los cultivos abonados con compost presentaban además una mejor resistencia a las plagas y enfermedades, y una menor persistencia de malas hierbas difíciles de erradicar; además, se consiguió restaurar la fertilidad del suelo.[7]

El pico del petróleo y del gas natural implican que los cultivos MG son insostenibles

Según algunos analistas, el pico del petróleo - el punto en el que se alcanza la máxima tasa de extracción, después del cual la producción entra en declive terminal - ya ha llegado, y se espera que el pico del gas se dé alrededor de 2020.[8] El pico del petróleo y el gas marcan el fin de la agricultura basada en químicos, ya que los abonos nitrogenados se sintetizan utilizando grandes cantidades de gas natural, y los pesticidas (incluidos los herbicidas) se fabrican a partir del petróleo.

Las empresas productoras de OMG prometen constantemente que aparecerán nuevos cultivos MG que no dependan de un modelo agrícola basado en químicos, pero la ingeniería genética no es capaz de crear los rasgos complejos necesarios para cumplir esta promesa, como por ejemplo una utilización más eficiente del nitrógeno. Además, las propias empresas desarrolladoras de semillas MG son también empresas agroquímicas, por lo que su modelo de negocio se basa en aumentar el uso de pesticidas y abonos químicos. El 80% de los cultivos MG tolerantes a herbicidas están diseñados para ser cultivados con ayuda de grandes cantidades de herbicidas, altamente dependientes de los combustibles fósiles. De los últimos cultivos MG desarrollados, varios están diseñados para tolerar varios herbicidas diferentes (ver Mito 5.2).

La agricultura no puede seguir dependiendo de insumos externos no renovables y cada vez más caros. Los sistemas de producción de alimentos del futuro deberán reducir o eliminar el uso de pesticidas, y depender de abonos renovables con base biológica - como el compost o el estiércol - producidos en la propia explotación o de forma local.

"Hemos intentado crear una agricultura más eficiente, con menos personas, más máquinas y una dependencia mayor de los pesticidas, abonos, cultivos transgénicos y energía, utilizando 10 kilocalorías para producir una [kilocaloría de alimentos entregados al consumidor]. Pero esto sólo puede darse si hay petróleo barato. El sistema está básicamente en bancarrota, por lo que necesitamos cambiarlo por otro sistema más moderno y avanzado, que pueda crear energía en lugar de consumirla, y que no dependa de los combustibles fósiles, sino de la gente y de una ciencia mejor."

– Dr Hans Herren, presidente del Millenium Institute (Washington DC, EEUU) y copresidente del Análisis Internacional de Conocimiento, Ciencia y Tecnología Agrícola, un proyecto financiado por la ONU, el Banco Mundial y la OMS sobre el futuro de la agricultura que incluye a más de 400 expertos de todo el mundo.[9]

Conclusión: 

No es verdad que los cultivos MG vayan a reducir el consumo de energía debido a una menor necesidad de pesticidas y labores mecánicas. Los cultivos MG han supuesto un aumento del uso de pesticidas, y la proliferación de “supermalezas” resistentes ha forzado a los agricultores a regresar al uso del arado y la aplicación de cantidades mayores de distintas mezclas de herbicidas. La producción de herbicidas requiere grandes cantidades de energía fósil. Por tanto, los cultivos MG son grandes consumidores de energía.

Existen métodos de eficacia probada para la reducción de la cantidad de energía fósil utilizada en agricultura, como la minimización del uso de pesticidas y abonos sintéticos, el cultivo de leguminosas para favorecer la fijación de nitrógeno en el suelo, la utilización de técnicas agroecológicas para conservar la fertilidad y controlar las plagas, o la utilización de mano de obra humana en lugar de maquinaria petrodependiente.

En EEUU, distintos estudios llevados a cabo en explotaciones ecológicas de producción animal y de cultivo de leguminosas registraron reducciones en la necesidad de insumos energéticos de un 28 y un 32% respectivamente. Los sistemas agroecológicos, con baja utilización de insumos, se adaptan bien a las condiciones del Sur Global, llegando a doblarse el rendimiento, en un experimento, simplemente mediante la introducción de técnicas de compostaje.

Referencias: 

1. Pimentel D, Doughty R, Carothers C, Lamberson S, Bora N, Lee K. Energy use in developing and developed crop production. In: Lal R, Hansen D, Uphoff N, Slack S, eds. Food security and environmental quality in the developing world. Boca Raton, FL: CRC Press; 2002:129–51.

2. Pimentel D, Pimentel M. Sustainability of meat-based and plant-based diets and the environment. Am J Clin Nutr. 2003;78(3):660S-663S.

3. Brookes G, Barfoot P. Global impact of biotech crops: Socio-economic and environmental effects in the first ten years of commercial use. AgBioForum. 2006;9:139–151.

4. Bindraban PS, Franke AC, Ferrar DO, et al. GM-related sustainability: Agro-ecological impacts, risks and opportunities of soy production in Argentina and Brazil. Wageningen, Países Bajos: Plant Research International; 2009. Disponible en: http://bit.ly/Ink59c.

5 Pimentel D, Pimentel M. Food, Energy and Society. Niwot, CO: University Press of Colorado; 1996. Disponible en: http://www.amazon.com/Food-Energy-Society-David-Pimentel/dp/0870813862.

6. Pimentel D, Hepperly P, Hanson J, Douds D, Seidel R. Environmental, energetic, and economic comparisons of organic and conventional farming systems. Bioscience. 2005;55:573–582.

7. Edwards S, Asmelash A, Araya H, Egziabher TBG. Impact of compost use on crop yields in Tigray, Ethiopia. Roma, Italia: Departamento de Gestión de Recursos Naturales y Medioambientales, Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas; 2007.

8. Mobbs P. In: Energy Beyond Oil. Trowbridge, Wiltshire, UK: Cromwell Press; 2005:54.

9. Driver A. CropWorld Global 2011: Changing our global approach to farming. Farmers Guardian. http://bit.ly/LXmk2s. Publicado el 1 de septiembre de 2011.

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